lunes, noviembre 30, 2009

Bienvenida al mundo real

¿Por qué se pasan tan rápido los minutos cuando estoy delante de él? Intento recordar todos los puntos de la conversación y me parece una labor imposible. Debería obligarme a hablar más de cinco minutos sobre un mismo tema y es que ciertamente cambio de tema tan rápido como el simple hecho de respirar (es un acto inconsciente). Así que ahora es imposible recordar todos los saltos.
Aunque ahora que lo pienso igual la conversación pasa a un segundo plano cuando cierro los ojos y vuelvo a ver su imagen fresca. Ansiaba verle. Para mí acordarme de él en un viaje es algo natural, como acordarme de mis padres, de mis hermanos, de mis compañeras de trabajo o de algunas de mis amigas. Y no es sólo para tener la excusa de ir, sino por esa necesidad casi innata de verle, de sentirle cerca, de escuchar su voz. Creo que llega un momento en que no puedo estar más tiempo sin saber de él y por eso le busco. Su sonrisa, su mirada, su boca, todo en él... es como si le rodeara un aura especial.
Se me ha olvidado mirar el reloj para saber el tiempo que he estado. Si lo pienso ahora me da la sensación de que ha sido un rato tan breve que parece como si lo hubiera soñado. Aunque es real. Estaba guapísimo. Y sonriendo, lo que le añade un tanto más de atractivo si cabe.
Cuando he vuelto a la oficina, creo que estaba hiperventilando. Me latía apresuradamente el corazón... Ese momento, por breve que sea, sólo por ver su sonrisa y esa mirada que sobrepasa todas mis capas de protección, ese único momento... vale su peso en oro. Y no lo cambio por nada.
Y ahora sí que empiezo a despertar del sueño de la última semana. Ahora estoy en el mundo real.

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