
Me estoy leyendo un libro que trae una baraja de tarot incluida, con instrucciones. Pero aún no he desembalado las cartas, por la simple razón de que tiendo a rechazar este tipo de cosas que tocan lo enigmático. De igual manera sería incapaz de ir a una adivina a que me echara las cartas, por poner un ejemplo.
No tengo intención de leerme esas instrucciones, aunque el libro ya se ha metido de lleno en ello. A mí me gusta la historia que hay detrás. De hecho, dos capítulos dedicados al tarot me han parecido desidiosos y aburridos, quizás porque debería haber quitado el plástico que mantiene cerradas las cartas y haber seguido las pautas. Pero no. Si puedo vivir sin ello... lo prefiero.
Tengo una amiga que le gustan estas cosas y hace unos años se compró una baraja de tarot. Nos echaba las cartas, siempre leyendo las instrucciones. Era tontería, porque creo que para echar estas cartas hay que estar muy metido en el tema y estar versado en los enigmas y misterios.
Sin embargo, a mí este tipo de cosas me dan respeto. Igual que el espiritismo. Hice dos veces y me prometí que jamás repetiría esas experiencias. Prefiero no saber nada que esté más allá, prefiero caminar día a día, con mi esfuerzo, con esa ignorancia que nos lleva a preguntarnos muchas veces qué nos deparará el futuro, prefiero que en mi vida no haya resquicios de artes oscuras. Quizás es porque peco de incrédula y soy más del "ver para creer".
Estoy enganchada al libro (pero sin tarot).
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