
Me han dicho muchas veces que siempre miro de frente cuando hablo. Realmente es un acto inconsciente, pero, aparte de ello, considero una falta de respeto no mirar a la persona con la que hablas, aunque a veces cueste retener la mirada.
Generalmente es fácil saber si una persona está ocultando algo, o si te miente, con una simple mirada. Y hay momentos en que sientes que hay ciertas miradas que te llegan al alma, que pueden ver todo de ti. En un instante así, aunque te obligues a mirar de frente, desvías la mirada, porque sabes que podrías ruborizarte.
El día que le conocí le dije que tenía una mirada penetrante, en ese momento recordaba aquella primera vez que me miró y me sentí indefensa, cuando aún era un desconocido. De hecho, me resulta casi imposible mirarle fijamente. Ése es el poder que tiene su mirada.
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