
Cuando caminaba hacia el coche creo que estaba helando. Hacía un frío terrible. Sentía mis dedos fríos moviéndose en torno a la llave del coche. La calle estaba casi vacía, el silencio era abrumador, pero eso no me ha instado a caminar más rápido, sino a parar y mirar alrededor. Ni rastro de él. Y es que es cierto que siento su ausencia como una losa. Los días son más oscuros sin él, más tristes sin encontrarme con una señal que tenga relación con él.
Si me da por salir mañana quizás le vea, o quizás no.
De momento, voy a seguir con mis apuntes de contabilidad. Que no apetece nada, pero quiero estar libre el fin de semana.
Aunque ahora estoy al lado del radiador sigo teniendo los dedos tan fríos como a las nueve de la noche.
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