
Vengo con varios whiskies de más, sólo que no me han subido, pero me han alegrado la noche. Mi amiga I. ha sacado el taco de lotería de Navidad y hemos estado vendiendo a los conocidos. Al principio yo creo que no sabía ni dónde estaba. Mi amigo I. me ha dado un consejo importante, sólo que yo no sé si soy capaz de llevarlo a cabo, aunque sólo sea porque me tengo que armar de valor. Ellos me han notado algo más triste de lo habitual, ellos me conocen y saben cuándo estoy bien o mal. No era necesario que les dijera nada...
Hemos terminado en urgencias, porque mi amigo I. tenía un dolor horrible en un ojo. Nos ha atendido una señora que acababa de despertarse, sin bata y sin nombre, para recetar un colirio y decir que era una simple conjuntivitis.
-¿Y cómo es que le duele tanto? Una conjuntivitis no duele, sólo pica.
A pesar del alcohol, estoy lo suficientemente lúcida, así que le he replicado a la médico de turno, que daba la sensación de que se acababa de despertar. Tuve una vez conjuntivitis y lo de mi amigo I. con los dolores que tenía... no sé, según mi parecer no es conjuntivitis. Si fuera, no necesitaría un colirio, puesto que con los remedios caseros de la abuela, manzanilla y punto, se hubiera arreglado. Es que a él le dolía el ojo.
Al final de la noche estoy como estoy, con algo menos de pesar, con la esperanza de que sea lo contrario de todo aquello a lo que mi mente se estuvo preparando y con el deseo de encontrarme con él. Pues hoy también le buscaba entre la gente, a pesar de las circunstancias adversas.
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