
Esta mañana estoy eximida de ir a trabajar, aunque a las cuatro estaré en la oficina como un reloj. Traigo en mi haber más de 1200 fotos y no te das cuenta de la cantidad hasta que no llegas a casa. Estoy deshaciendo la maleta y me sorprende encontrar cosas que ni recordaba. Y además me he enterado que en el clásico ganó, en los últimos cinco minutos, mi Barça.
He pasado una semana bajo el sol en medio de una isla mediterránea y me sorprende observar que aquí está casi nevando. Ya me he traído manoplas y un gorro de lana de Gozo para combatir el frío. Me pregunto si allí usarán estas prendas de abrigo o sólo las exportan y/o venden a turistas que sí que conocen el invierno.
Esta tarde es muy posible que vaya a ver a una persona. Y siento ese gusanillo en el estómago. Lo primero que he hecho ha sido comprobar que lo que le he traído no ha llegado a trozos.
Y ahora me voy a dar un baño caliente de ésos que te relajan y te recuerdan que ha llegado el crudo invierno.
Me resulta extraño estar en casa un lunes por la mañana.
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