
En las etapas dolorosas soy más proclive a escribir, pero he ido dejándolo pasar, concentrando mi mente en otras tareas para no pensar en nada más. No quiero desbrozar mi interior tal y como si estuviese deshojando lentamente los pétalos de una flor.
Anoche, antes de permitir que comenzaran a fluir todo tipo de sensaciones cargadas de dolor, me desahogué con mi amiga M., la única a la que le puedo contar todo esto, la única que sé que va a estar a mi lado en este momento tan difícil. A medida que iba narrándole todos los acontecimientos de la hora anterior, las lágrimas surcaban mis mejillas, buscando un desahogo emocional que no llegó.
Mi día de hoy ha sido uno de los más negros que recuerdo, quizás porque siempre he tendido a 'olvidar' los recuerdos que produjeron dolor en el pasado, quizás porque siempre he preferido quedarme con los recuerdos hermosos y felices. Me siento un poco ida, sólo he conseguido desconectar cuando me he quedado dormida, fruto de una noche en que no he descansado. La mente, al igual que el cuerpo, también necesita descansar y la mía esta noche ha estado trabajando. Creo que intentaba rechazar todo tipo de pensamientos y recuerdos en torno a él.
Hoy el cielo ha cambiado de color, me pregunto cómo conseguiré poner al mal tiempo buena cara, cuando este tipo de tristeza se muestra tan fervorosamente.
A veces me pregunto cómo he llegado a quererle tanto. Ayer me di cuenta de esta realidad y, dadas las circunstancias, se convirtió en una losa muy pesada, algo difícil de asumir y de llevar conmigo. Si no fuera así yo no estaría sintiendo en estos momentos un dolor tan profundo e intenso. Ese dolor cuya cura, si existe, llega con el paso del tiempo.
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