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En la vida he aprendido que nadie es imprescindible.
Siento un ardor en la sangre que no puedo controlar. Veo indiferencia, pasividad, desidia, desinterés... y entonces me sorprendo al comprobar que siento un enfado creciente. Es la situación en que me he implicado. El enfado me está impulsando a que me resbale todo.
Hoy me siento muy débil, incluso estoy pensando en no salir esta noche. Estoy pensando en que debo cuidar mi corazón y desquitarme de todo. Supongo que terminaré consiguiéndolo.
Tengo suficientemente claras ciertas cosas como para apretar los dientes y no decir nada más.
Por debajo de esa armadura de ira hay un coletazo de dolor, que pasará.
Hoy me siento muy vacía.
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