martes, noviembre 10, 2009

Pinceladas

No llevo ni media hora aquí y ya ha empezado a sonar el teléfono. Eso, unido a las llamadas que tengo que hacer y la gente con la que tengo que quedar (pues hoy no llueve y podemos subir a los tejados cual deshollinadores), harán que la mañana se pase volando.
He decidido que hoy también me quedaré a comer aquí. He conseguido sonreír en el desayuno, claro que la procesión va por dentro.
Anoche me quedé dormida con una imagen extraña: mis manos estiradas hacia el cielo intentaban alcanzar su rostro que, lentamente, se iba alejando. He buscado el significado en un diccionario de interpretación de sueños, pero no lo encuentro. Esa imagen onírica me produce inquietud, aunque sé que los sueños no deben interpretarse literalmente.
Esta mañana, cuando venía, me ha llamado la atención el San Lorenzo. Está todo nevado. Impresionante panorámica, a pesar de que las nubes cubren las cimas. Como no podía ser de otra manera he tenido que hacer la foto de rigor.

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