
Cuando iba al coche me ha sorprendido comprobar que él aún seguía. Me he obligado a mirar hacia otro sitio, sin éxito.
Cuando cierro los ojos veo su imagen, perfecta, serena, segura. Intento rechazarla, pero me resulta imposible. Está más presente en mi vida que hace una semana.
Hasta hoy... he pensado únicamente en mí, pero... Supongo que en estos momentos es inevitable no ser un poco egoísta y pensar en cómo salir de ésta, cómo paliar ese dolor que te está mermando las fuerzas, que te ha robado las ilusiones, que te ha quitado la alegría.
Cuando volvía a casa, sin embargo, he reparado en algo más. Me he preguntado qué haría él si supiera todo esto. Creo -aunque le conozco poco- que se preocuparía bastante. Y, pensándolo bien, no quiero ser un motivo de preocupación para él. No desearía, por nada del mundo, que se preocupara por mí ni que asumiera como suya una culpa que no tiene. Creo que se preocuparía, sí. Le conozco poco, pero su dulzura, su ternura, su bondad añadirían una preocupación más con la que no quiero que cargue. Además, yo no podría soportar que él se preocupara por el dolor causado por mis sentimientos hacia él. En cierto modo, me alegro de que desconozca todo esto. Así que ahora tengo que hacer un esfuerzo terrible para seguir adelante y quizás sonreír un poco, por mucho que me cueste. Aunque no suele ocurrir, si me encontrara con él no me perdonaría nunca que él notara mi tormento interior.
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