
Quiero irme a casa antes de que den las nueve. Es tan sencillo como que sé que a partir de esa hora podría encontrarme con él. En cierto modo le quiero evitar porque tengo miedo a descubrir la misma realidad que alertó mis sentidos y me apuñaló el corazón hace tan sólo una semana. Es una posibilidad y sé, que en caso de que sea de la misma guisa que el viernes pasado, lo voy a pasar mal, realmente mal. Hasta ahora sólo era una falacia, pero ¡ay de mí como sea ésa la realidad!
Podría arriesgarme, porque también podría ocurrir que fuera a tomar cervezas como aquella vez. Entonces yo vivía en la ingenuidad de la persona que busca, con curiosidad, sus ojos, sus gestos, sus palabras. Ahora no tengo tan claro que me uniera a ellos. Debería pasar por esa situación, porque ésa es una decisión que se toma al momento, sin más.
Y B. me ha dicho que hizo memoria... Sé que no ha querido decírmelo hasta hoy... Pero sólo con decírmelo he sentido el golpe de un mazo en el estómago. Sin palabras.
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