domingo, noviembre 22, 2009

La necesidad de escribir lo que no escribiré en los próximos días

Estoy a unos minutos de cerrar el portátil y empezar a disfrutar de cada momento y de cada sensación que llegue a partir de ahora. No me dejo nada, aunque podría dejarme todo, sólo que habrá algo que siempre llevaré conmigo: su imagen perenne, estática, dulce, placentera, su mirada mostrando seguridad, su recuerdo latente y sobresaliente por encima de las demás cosas. Y ese recuerdo es lo único que me permitirá sentirle cercano, aunque esté a cientos de kilómetros. No hay distancias que valgan, las distancias son obstáculos que ponemos nosotros. Me gusta pensar que, aunque esté a cientos de kilómetros, yo no sentiré esa lejanía.
Debería decirle tantas cosas, tendría que describirle tantas situaciones que a veces creo que nunca seré capaz de explicárselo todo. Y cuando regrese y le cuente lo que he vivido, aunque mis pensamientos digan que he caminado por calles que quizás también él pisó algún día, no será lo mismo que la experiencia que me espera, una aventura que me gustaría compartir con él.
Le llevo conmigo, posiblemente en mi corazón, aunque también en mi mente. Me gustaría haberle dicho que al final me he marchado a conocer aquello como le aseguré hace ya más de un mes. Como persona de ideas fijas que soy, fue decirlo y hacerlo, un sueño que quería ver cumplido. Si todos los sueños fueran tan sencillos de llevar a la práctica como éste...
Se lo tenía que haber dicho -quizás lo haga a lo largo del trayecto, ¿quién sabe?- y, si no, estoy segura de que lo sabrá a través de unos fragmentos atrapados en papel de algún instante reflexivo con olor a salitre y mar.
¿Qué más decir? Me esperan siete días muy intensos, muy vívidos, siete días para disfrutar, para empaparme de cada momento, para mezclarme con los malteses, para absorber su cultura, sus tradiciones...
Pero sobre todo me esperan siete días de descanso de verdad.
Es hora de desconectar, de salir a la calle mirando al horizonte y con una sonrisa de oreja a oreja.

El hotel tiene la piscina cubierta en la azotea, lo que me vendrá de perlas cada noche, cuando llegue de mis ilustradas excursiones para relajarme en la piscina. Y también tiene cybercafé, lo que quiere decir que, siempre que tenga ganas y pueda, apareceré por aquí, aunque sólo sea para compartir momentos especiales.

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