
Siempre siento una pequeña ansiedad previa antes de cualquier viaje. Hoy el día va a ser largo puesto que no dormiré. Iré a tomar el café al Madison, porque ya he quedado, a cuestas con la maleta y poco antes de las siete cogeré el autobús a Madrid. Cuando llegue iré al aeropuerto, donde tengo que estar a las cuatro de la mañana para facturar la maleta en Alitalia. A las seis en punto despega el avión rumbo a Roma, donde llegaré a las 8.30 h. Y a las 12.05 h. sale el avión hasta el aeropuerto de Luqa, donde aterrizo a las 13.30 h. mañana.
Todo este esquema lo tengo en la cabeza ya.
Lo que peor llevo son los ratos que tengo que esperar, tanto en el aeropuerto de Barajas como en el de Fiumicino.
Me llevaré un libro de bolsillo que no pese mucho. Como la otra vez, tengo que dejar a medias el que estoy leyendo (por su peso) y coger uno más ligero.
También me conectaré a internet siempre que pueda, en los pocos momentos que tenga libres. Y me veo obligada a hacerlo por los tests del curso que se cuelgan cada miércoles en una plataforma de internet.
Mis padres me decían anoche que casi podía recorrerme esas islas caminando.
Todavía tengo el equipaje a medio hacer.
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