
Ayer me llamaron de casa sobre esta hora. Saben que me da pánico caminar sola hasta el coche. Y hace frío. Una especie de magnetismo me impulsa a asomarme a la ventana, sólo para ver si sigue o no. En estos momentos me estoy conteniendo para no enviarle un mensaje o llamarle para decirle que no se vaya tarde, que junto a su coche hay un piso franco de indios (de la India) que observan a la gente tras los visillos, me apetece darle las buenas noches. Pero no lo voy a hacer.
Cuando me vaya ahora, seguro que al pasar por allí miraré hacia atrás. Y esa vez no será el miedo lo que me haga darme la vuelta, sino otras posibilidades más placenteras.
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