miércoles, noviembre 11, 2009

En la calle

Cuando iba al coche he visto el suyo. Eran aproximadamente las 13.30h. Siempre que veo esa matrícula me da un vuelco el corazón, como si él pudiera aparecer en cualquier momento por alguna calle. Cuando no veo su coche, me siento algo más vacía, como si estuviera muy distante, así que prefiero verlo, aunque un rato después la espina pinche causando dolor.
Después me he dado una vuelta por el autolavado ya que tenía el coche hecho un cristo. Es que no soporto que el coche tenga una mota de polvo. He aprovechado, hoy que tenía un rato libre. Ahora está reluciente.
Al volver, estaba todo lleno y he recordado que no hace mucho se me pasó por la cabeza llamarle para que me avisara cuando se fuera y aparcar yo donde él. No lo hice entonces, aunque podría haberlo hecho; ahora sería algo impensable. Sólo que hoy sí que he encontrado sitio, en la misma fila que él, con varios coches de por medio.
Y al salir mis ojos se desviaban hacia la dirección en que él podría llegar, quizás con el pan, como aquella vez... Pero no, ni rastro de él. Igual es mejor así.
Veo su coche y sé que está. Me agrada saber que no está tan lejos, que sólo nos separan unos metros de distancia. Me da la sensación de que, aunque trabajáramos en el mismo bloque de pisos, seguiría sin encontrarme con él. En el momento actual, quizás es mejor que sea así; creo que no me gustaría que me viera con la mirada un tanto extraviada, ni que descubriera la tristeza que porto en la maleta interior. Quizás el resto del mundo no notara la diferencia, pero no pasaría desapercibido para él. Yo sé que soy transparente a sus ojos, y eso no puedo evitarlo.

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