
¿En qué estado de indecisión me encuentro que no puedo volver a mirar esos ojos sin sentir que mi rostro enrojece cual llamarada de tensión, ardor, deseo y rechazo que no puedo controlar? Siento que la sangre hierve en estas venas infernales y me impulsa a balbucear palabras sin sentido. La inquietud no me permite postrarme en la cama y descansar, sino afilar las plumas que escribirán ideas insondables.
Hoy he visto uno de mis relatos colgado en la inmensidad oceánica de olas virtuales que asolan internet. Sólo pone el título y el día que llegó. Y era la lista de nunca acabar...
Aunque antes he estado leyendo sobre la vida de Poe, en una biografía cargada de incógnitas. Y el final sigue produciendo la misma incertidumbre. Realmente nadie sabe con certeza cómo pasó sus últimos días. Lo que es cierto es que llevaba varios días consumido por un estado brutal de embriaguez que le llevó al hospital.
Y entonces he recordado El cuervo, el largo poema que le dio la fama. Y aunque las traducciones no le hagan justicia es posible que cualquier día de estos lo plasme por aquí.
Hoy he vuelto a soñar.
He soñado que las olas me arrastraban hacia la deriva y no quería mirar atrás, no deseaba encontrarme con esos ojos penetrantes que me matan cada vez, evitaba enfrentarme al silencio sepulcral de un horizonte sin agua ni luz.
Hoy he vuelto a soñar.
He soñado con los negros nubarrones que se tambalean quejumbrosos en el cielo. Es una mala señal. Llegarán tiempos mejores.
"Creo en un lugar donde vagan las almas inquietas; cargando con el peso de su propia tristeza no podrán entrar en el cielo... Y por eso esperan, atrapadas entre nuestro mundo y el siguiente, buscando sin descanso un camino para librarse a sí mismas de su infinito dolor sin perder la esperanza.
Algún día podrán reunirse con sus seres amados".
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