
Un hombre pasea en góndola por Venecia de noche cuando se escuchan unos gritos que provienen del palazzo de los Mentoni. Junto al canal, una Afrodita bellísima, la marquesa de Mentoni, chilla porque su único vástago ha caído a las oscuras aguas. Detrás de ella, el vejestorio de su marido está disfrazado de sátiro, cantando. Algunos hombres se han sumergido en busca del bebé. El narrador observa que ella mira hacia los muros de la prisión de la antigua República que, sin luces, está a oscuras. Resulta curioso, cuando debería mirar hacia las aguas. El hombre mira en aquella dirección y ve un hombre embozado sumergirse en las aguas y reaparecer ante la marquesa con el bebé en los brazos. Se susurran unas palabras y el embozado, amigo del narrador, mira hacia la góndola. Los dos hombres se dirigen al palazzo del salvador del niño y se sumergen en el alcohol. Un rato después, un criado anuncia que la marquesa de Mentoni ha sido envenenada, y cuando al dueño de la casa intentan despertarle, echado en su diván, comprenden que también se ha suicidado.
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