sábado, marzo 21, 2009

Metzengerstein

En una región húngara, había dos familias nobles enfrentadas desde hace siglos. Por un lado, estaba el viejo Wilhelm, conde de Berlifitzing, que no podía soportar que sus rivales fueran más ricos que él. De la otra parte estaba Frederick, barón de Metzengerstein, que aún no había alcanzado la mayoría de edad, pero había heredado muy pronto los vastos territorios de sus padres y se había dado una vida de lujo y placer. Decía la profecía que "Un augusto nombre sufrirá una terrible caída cuando, como el jinete en su caballo, la mortalidad de Metzengerstein triunfe sobre la inmortalidad de Berlifitzing".
Ocurrió por aquel entonces que las caballerizas de Berlifitzing sucumbieron a un incendio y el conde murió intentando salvar a sus animales. Muchos pensaron en la culpabilidad del joven rival, dado a las excentricidades y alocadas fiestas. Sin embargo, el joven Frederick estaba en su castillo rodeado de sus vasallos mientras, inconscientemente, contemplaba uno de los tapices de la pared. Era la imagen de un semental de color rojizo, mientras un Metzengerstein daba muerte a un Berlifitzing. Ensimismado estaba en la pintura, cuando se escuchó un tumulto que venía del exterior. El barón salió y, desde el umbral, comprobó que su sombra coincidía con el Metzengerstein del tapiz. Fuera, varios de sus hombres sujetaban a un potente semental de color de fuego, en cuya frente tenía grabadas las iniciales de su rival. Pero los hombres de Berlifitzing negaban que ese caballo fuera del conde. Un momento después, uno de los dibujos del tapiz se había borrado misteriosamente.
A partir de entonces Frederick no salía de sus dominios, declinaba fiestas y sólo buscaba la compañía de su caballo, al que no le puso nombre. Sólo un pajecillo se había dado cuenta de que el barón se estremecía cuando iba a montar sobre el caballo y, cuando regresaba, su rostro reflejaba una malignidad inaudita. 
Una noche, Metzengerstein se levantó y cabalgó con su caballo. A medida que las horas pasaban, sus sirvientes empezaron a preocuparse. Entonces, el castillo estalló en llamas y, entre las lenguas del fuego, vieron aparecer a un irreal caballo de color rojizo.

Este cuento es el primero de los publicados por Poe. La segunda vez que apareció llevaba el subtítulo Cuento a imitación de los alemanes
Tiene un aire marcadamente "gótico" y se acerca a la narrativa de los románticos alemanes. La presencia del tapiz, por ejemplo, abre la serie de decoraciones misteriosas y en extraña analogía con el drama. 

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