martes, marzo 17, 2009

El pozo y el péndulo

Recordaba este relato de Poe. Entonces me quedé pensando en lo que vio en el fondo del pozo, y ahora me sigo preguntando qué puede ser tan aterrador. El hecho de que el personaje no ose decir lo que ve es admirable. Aunque esto encolerizaba a R.L. Stevenson, que lo tildaba como "una impostura, un audaz e imprudente escamoteo".
Éste es uno de los relatos más famosos de Edgar Allan Poe.

Un hombre acusado por la Inquisición es encerrado en una celda en una prisión toledana. Cuando despierta después de varios vahídos en medio de la oscuridad, decide tomar conciencia de las dimensiones de la celda. Un guiño del destino le hace tropezar por error y descubre que su cabeza está sobre un pozo a ras del suelo que, sin duda, era una trampa para caer.
Cree que le administran algún tipo de droga porque le entra el sopor con facilidad. En una de las ocasiones en que se despierta, está atado y hay algo de luz, lo que le permite vislumbrar todo lo que le rodea. Cuando mira al techo, descubre un péndulo en forma de media luna con acero cortante en los estremos. No puede moverse y se sorprende al comprobar que el péndulo va bajando cada vez más deprisa. 
Sus únicas compañeras en la celda son las ratas que salen del pozo y que, en la mayoría de las ocasiones, se comen su comida. El reo aprovecha tal voracidad para impregnarse los cínculos que le tienen amarrado con las sobras de los alimentos y permanece inmóvil. Las ratas se acercan y le cortan las ataduras justo cuando el péndulo infernal le toca el pecho. 
El prisionero se acerca al borde del pozo y mira el fondo. Le horroriza lo que ve. Y entonces el chirrido y las puntas afiladas de las paredes le rodean lentamente. Cree volverse loco al comprender que está siendo impulsado hacia el agujero negro.
Entonces todo se para de repente y, desvanecido a punto de caer en el abismo, un general francés le tiende la mano. 

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