lunes, marzo 23, 2009

El viaje

Lo cierto es que he dormido dos horas. Como en otras ocasiones me ha entrado la ansiedad previa al tren. De paso, enseño lo bonita que ha quedado la nueva estación de trenes de Burgos. Lo peor es que queda a tomar viento, a veinte minutos en taxi del centro. Menos mal que todo ha pasado rápido, aunque el tren ha llegado con un retraso de media hora. La estación Rosa de Lima está en medio del campo, en medio de ninguna parte, bien lejos de la civilización. Por lo menos ahora hay cafetería y otros servicios. En diciembre estaba desolada, con andamios aún, con la tierra levantada en los alrededores, no llegaban los urbanos y un largo etcétera.
No quería hablar del tren, sino del autobús de después. Mi autobús a La Rioja iba hoy por La Brújula, no por la N-120 (que se llega antes). No me conozco mucho esa zona, aunque las vistas son bonitas. Yo estaba leyendo; me he leído varios relatos de Poe, cuando me he descentrado por los gritos paranoicos de un hombre: "¡Pare, pare!". Se ha acercado hasta el conductor, que tenía acento de rumano, pero era bastante simpático, y le dice que dé la vuelta. El hombre estaba todo cabreado. El conductor respondía que en esa carretera no sabía dónde podría dar la vuelta. Total, que si no podía dar la vuelta que le pagara un taxi porque ¡cómo iba a andar dos kilómetros hasta su pueblo! Sólo le ha faltado decir que iba a llamar a la policía. ¡Qué vergüenza ajena! El conductor ha dejado claro que ha sido un error y que no se conocía la carretera, aparte de que el cartel no se veía bien (y esto era cierto). Bueno, el intolerante ha hecho que el autobús diera media vuelta para dejarle en el cruce de Quintanavides, a un kilómetro del pueblo, que más bien parecía una aldea de mala muerte. Y encima el señor se ha ido de mala leche, sin dar las gracias ni nada. Yo cada día lo flipo más. Veinte minutos de retraso por el señor.
Me ha hecho gracia una señora que ha saltado: "No, si después de comer se irá al paseo".

4 comentarios:

J.R.Infante dijo...

Cuántas historias y cuánto da de sí un viaje, sobre todo para la gente que nos gusta fijarnos en los detalles. Tú leyendo a Poe, un conductor que no conoce bien la carretera, el pasajero que se exalta de manera indecorosa ¿no te parece que el relato está casi escrito?
Me encanta la vida de las estaciones, porque son fuente segura de narraciones fantásticas.
Un beso, K.

K dijo...

Está bien tener historias que contar. Un viaje es un creador de historias.
Pero si no hay tiempo...

En Bici por Burgos dijo...

Que vergüenza, aún ni he estado en la estación nueva.
Estuve hace meses cuando estaba en obras, pero desde entonces nada.

Tuviste que pillar el autobús donde siempre o han hecho algún intercambiador allí o algo?

K dijo...

Cualquier día te coges la bici y te das una vuelta por allí.

No pillé autobús, que iba muy cargada. Mejor taxi :P