viernes, agosto 27, 2010

Nightmares


Hace años aún tenía pesadillas que me llevaban de cabeza durante el día. De repente, una noche aprendí a soñar y comprendí que prefería soñar.
Recordando algunas de esas pesadillas, había algunas que eran recurrentes, que se repetían en ciertas situaciones. Una de ellas incluso me avisaba cuando me iba a poner enferma, porque sólo aparecía esa pesadilla cuando tenía fiebre.
En todas las habitaciones de mi casa hay molduras de escayola que separa el techo de las paredes. Me solía quedar dormida mirando esas molduras, cuando mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, y de repente soñaba que aparecían monstruos (semejantes a las gárgolas de una catedral) que se movían en mi dirección. Entonces me despertaba sudando y seguía viendo los seres monstruosos que venían hacia mí. Y gritaba tanto que mis padres se asustaban. Al día siguiente, tenía fiebre y debía guardar cama. Pero, como todo, pasó. Un día dejé de ver seres fantásticos que me despertaban por la noche. Recuerdo que una noche incluso empecé a correr por el pasillo señalándoles a mis padres dónde estaban mis perseguidores.
Otra pesadilla que solía despertarme sudando (y no gritando esta vez) era cuando soñaba que caminaba descalza por un campo con plantas que me llegaban a la cintura y sentía en las plantas de los pies el roce sibilino de cientos de serpientes. Siempre he tenido fobia a las serpientes, tanto que me resulta insoportable incluso ver fotografías.
Y había una pesadilla que resultó constructiva. Soñaba que un día me levantaba de la cama y cuando hablaba escuchaba palabras que no entendía (las que yo decía), pero además no entendía lo que la gente me decía. Me sentía un personaje tan extraño que era horrible. No podía comunicarme con nadie y eso producía impotencia en mí. Con esta pesadilla no llegaba a despertarme, aunque un día comprendí que saber idiomas era importante para comunicarse. Así que yo me lo tomé como un buen mensaje. Aunque he perdido mucho vocabulario en los idiomas que aprendí, aún sigo defendiéndome cuando salgo al extranjero. Mucha gente podría pensar que esta pesadilla provenía por influencia de la Iglesia (por estudiar con monjas o por la catequesis y las misas obligadas de los domingos), pero no era así. Creo que fue porque me contaron el argumento de un libro de una niña que no quiso aprender a leer y, al no poder leer un cartel de "Perro peligroso", la mordió un perro. Me lo contaron, porque yo de niña no leía nada.
Hablando de influencias, siempre he querido saber cómo se llama una película de Alfred Hitchcock donde entierran a una persona viva. Porque siendo una niña vi esa película y me encontré soñando con que estaba dentro de un ataúd. Aunque ahí sólo me desperté soñando, fue suficiente para no volver a ver películas antes de dormir durante mucho tiempo.

¿Qué pasaría si un día no pudiéramos entendernos con las personas que queremos, si nuestras palabras no casaran con lo que queremos decir y nuestras manos escribieran algo que ininteligible? Y que fuera un hecho generalizado, que le ocurriera a todo el mundo. Sería otra nueva torre de Babel, sería horrible.
Aunque hay un lenguaje único que no necesita ningún tipo de comunicación más que un gesto. Me pregunto si él me entendería lo que quiero decirle con sólo mirarle. O si podría entenderle yo a él. Me gustaría que nos comprendiéramos, claro. Pero para saberlo tendría que ocurrir algo tan utópico como lo que he descrito. Y eso no va a ocurrir.

La imagen es de una librería japonesa. No sabía japonés. Para mí, las letras japonesas eran como dibujos. Apenas existían los libros de pastas duras; casi todos eran flexibles (y obviamente más baratos). Abundaban las series de cómics. Y yo me traje uno, un libro-cómic (un libro que sólo contuviera texto no tiene sentido si no lo entiendo), que empieza por donde nosotros tenemos el final. De todas formas, pese a no saber el idioma, sería capaz de escribir alguna palabra (como Tokio) en japonés de memoria. En Japón no podía ocurrir como en mi pesadilla, ya que allí podía recurrir al inglés.

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