
Siempre he rechazado el amor como tal, siempre lo he visto como un conjunto de estímulos y sensaciones incontrolables que no se pueden definir de otra manera.
Y he amado en el pasado, pero no he amado como amo ahora. Siempre he rechazado el amor como tal, pero ha llegado un momento en que las evidencias me llevan a aceptarlo. Si existe una palabra para describir lo que siento en estos momentos esa es “amor”.
Y es incontrolable en el sentido de que, cuando me encuentro con él, me tiembla la voz de tal forma que no puedo evitarlo, que ni siquiera respirando profundamente puedo hacer que pare. Y es incontrolable cuando siento el impulso de tocarle, de mirarle, de abrazarle, de escucharle… aunque aquí finalmente consigo controlar todos los impulsos. Es incontrolable cuando veo su coche, por ejemplo esta tarde, y siento su cercanía, siento que un hilo invisible de magia fluye en esa dirección. Y entonces descubro que estoy sonriendo, y que soy feliz, y esa felicidad se incrementa por el cúmulo de sentimientos hacia esa persona tan grande.
Supongo que es amor. El sonido de otro corazón rige tus pensamientos, vives sabiendo que él está cerca y que mientras él esté cerca todo el entorno será más perfecto. A pesar de caminar todos los días por las mismas calles, cada día esa calle vuelve a ser una novedad, porque hoy has descubierto una planta que ayer no viste, no porque no estuviera, ya que siempre estuvo ahí, sino porque observas más todo lo que te rodea. Y es como si vieras todo por primera vez. Ves el pájaro que se ha posado en un balcón, indiferente al ruido y a la gente, y descubres una belleza inusual en el ave. No desconoces cómo es el canto de un pájaro ni desconoces cómo son, pero es como si fuera la primera vez que lo vieras. En su delicadeza está su belleza.
Entonces esa belleza del mundo, ¿siempre estuvo ahí? ¿o depende de cómo lo estén mirando mis ojos? Pero a mis sentidos ha llegado una influencia externa. Ha sido una persona la que me ha abierto los ojos, la que me ha hecho creer de nuevo en el amor, y ni siquiera lo sabe. Él lo desconoce. Yo no creía y ahora creo.
He empezado a escribir sobre este tema esta tarde, pero en un momento dado me he visto obligada a marcharme. Necesitaba hablar de ello. Supongo que no terminaba de asimilarlo, pero los hechos son obvios.
Cuando le miro a los ojos veo un mundo entero en ellos, y es cuando me siento contagiada por esa fuerza que emana de él. Descubro en esa mirada perfecta lo mejor que existe en el mundo. En ese instante me entran unas ganas terribles de abrazarle, de susurrarle al oído cómo es la grandeza que veo en él… pero no me atrevo a hacerlo ni a decírselo.
Amor… No puedo dar la espalda a lo que siento. Simplemente lo siento y ya está. Y no es malo sentirlo, antes lo rechazaba, pero ahora, al sentir esa efervescencia de sentimientos de todo tipo, me siento alborozada. Alegre. Tranquila. Algo más feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario