
Me da pereza coger el coche y marchar a casa por el calor que hace. Aquí estamos en el Polo Norte, pero cuando salgo a la calle parece que entro en el desierto del Sáhara. Me recuerda al día que pasé en Doha, aunque aquello era mucho más, pero era un calor parecido.
He llamado a la peluquería para cancelar la cita y me voy a poner en remojo durante un rato, que se agradece.
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