martes, agosto 17, 2010

Notas de música en las paredes del frontón

Cuando he llegado a las piscinas había una multitud de coches. Se nota que estamos en vísperas de fiesta. Demasiada gente que empieza a llegar, pues durante el año esperan a venir al pueblo durante estos últimos quince días de agosto. No vienen en otras épocas. Sólo estos días.
Se disfrutan varias cervecitas en las piscinas, descansando del día.
Cuando, al volver, nos dejamos caer en el frontón allí también hay numerosos coches de los torneos que se están disputando. Mañana juega uno de los equipos de mi pueblo a futbito, entonces mañana ya no iremos a las piscinas, sino que estaremos en el frontón.

"También conozco el frontón". Tantas cosas me llevan a él... El frontón no es ya tan importante porque mañana jueguen amigos míos, sino en función de que él también ha estado allí, también ha jugado a frontenis en ese lugar, también ha pisado esos mismos bloques de hormigón.
Es como caminar por las mismas calles a destiempo, cuando este destiempo se refiere a que cada uno pasa por ahí a diario sin coincidir, dirigiéndose a sus tareas habituales, sin ser conscientes de quién puede pasar por allí unas horas después o quién pasó el día anterior.
Lo mismo ocurre con los lugares. Me pregunto cuánto tiempo hace desde que él venía a jugar al frontón. Quizás hasta hayamos coincidido alguna vez en el pasado. Entonces yo tenía una raqueta rosa y blanca, que me gustaba porque me la vendieron según la altura y, por tanto, la manejaba bien. Tenía las cuerdas transparentes y nunca quise otra raqueta. Creo que era una Converse, pero no lo recuerdo exactamente. Aún puede estar en mi casa, seguramente metida en una caja retirada llena de duras pelotas de pelotari, alpargatas con cintas de colores de danzador, unas castañuelas, un platillo volador, mi flauta de madera metida en su caja, dos órganos...

Con nueve años me regalaron mi primer órgano. Era uno de estos en los que tecleabas una melodía que se iba repitiendo en una especie de cinta que venía incluida en el órgano. Dos años después tocaba de oído el Cumpleaños Feliz. Cuando comprendí que la flauta se me daba bastante bien, pero viendo que la flauta no molaba tanto como instrumento musical, todas las canciones de flauta las empecé a tocar en el órgano (de oído). Entonces le regalaron a mi hermano pequeño otro órgano más grande y para mí fue un lujo. Cuando saqué el Himno de la Virgen de mi pueblo, con lo complicado que es, me di cuenta de que, en lo que se refiere a música, prefería más escucharla que crearla. Pero si aún cogiera la flauta, inconscientemente tocaría canciones, así como si me pusiera delante de un órgano... algo saldría. También quería tocar la guitarra. Siempre he querido aprender a tocar la guitarra. Hice mis pinitos durante un tiempo, pero luego, debido a variadas circunstancias, dejé la guitarra a un lado.

Música... sigo prefiriendo escucharla cuando la tocan otros. Siempre digo que tengo mal oído, lo cual es cierto en lo que se refiere a letras y cantar, pero el fondo, el instrumental... es otro cantar. Ése se me queda grabado. Pienso en una canción al piano (por ejemplo, 18 de Moby) y noto la calma a mi alrededor, y entonces vuelvo a pensar en él.

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