domingo, abril 28, 2019

Viaje a Valencia (Segunda Parte: la ciudad histórica)

Calle Caballeros y Teatro Talía

Como ya adelanté, pasear por Valencia, pese al clima, fue interesante, porque había veces que no sabía adónde mirar y porque está lleno de monumentos magníficos, que dotan a la ciudad de una belleza sin límites. 
Valencia tiene varias plazas conectadas entre sí, que son los puntos de referencia claves: la Plaza del Ayuntamiento, la Plaza de la Reina, la Plaza de la Almoina y la Plaza de la Virgen. No hablaré ahora de la Plaza del Ayuntamiento, de la que hablaré más adelante, pero sí de las otras tres plazas, que las visité casi sin darme cuenta porque están muy cerca las unas de las otras.
Vista del Micalet desde la Plaza de la Reina

Mi primera visita en Valencia fue a la catedral, y accedí a ella desde la Plaza de la Reina, sobre todo porque mi hotel estaba cerca de esta plaza.
Fachadas decimonónicas, terrazas, palmeras, naranjos amargos, áreas ajardinadas y bancos ilustran la Plaza de la Reina, recinto urbano que ennoblece sus volúmenes con la presencia de algunas piedras antiguas e ilustres. 
La Plaza de la Reina de noche

Uno de los lados de la plaza está ocupado por la fachada barroca de la catedral y el muro que cierra la capilla del Santo Cáliz. Y en uno de los ángulos se yergue, esbelta y elegante, la torre gótica del Miguelete (Micalet, en valenciano).
A la plaza se asoman la torre de San Martín y la torre de Santa Catalina, que emerge airosa sobre tejas y tejados. 
La Plaza de la Reina, que recibe este nombre por el homenaje que la ciudad de Valencia quiso rendir el día de su boda a doña María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII, se configuró como el espacio proporcionado por las casas que fueron derribadas al comienzo de la calle del Mar. Fue abierta en 1878.
Torre de la Iglesia de Santa Catalina desde la Plaza de la Reina

Si el Miguelete simboliza la torre gótica por excelencia, la torre de Santa Catalina representa la apoteosis del barroco en Valencia. Aunque la segunda vio la luz en otro siglo y perteneces a otro estilo, compite con la primera en decoración y altura. Hoy aglutina un área urbana de mucha personalidad y sabor mientras sobresale por encima de los tejados de las casas que conformaron el barrio comercial en los tiempos islámicos.
Torre de Santa Catalina de noche

La torre de Santa Catalina nació con énfasis deliberado para subrayar su presencia en la ciudad y competir en altura y riqueza ornamental con la torre catedralicia del Miguelete. Comenzó a construirse a finales del siglo XVII, siendo sus artífices los canteros Valero Viñes y Juan Bautista Viñes. De planta hexagonal, luce en el fuste y en el cuerpo de campanas una profusa decoración barroca con influencias palaciegas. Con la cúpula, la bola y la veleta, alcanza los 56 metros de altura. Está considerada una de las más hermosas de España.
Catedral de Valencia y Miguelete, desde la Plaza de la Reina

Capítulo aparte requiere la Catedral de Valencia, erigida en honor a Santa María, en la que curiosamente no había que pagar entrada (me sorprendió, ya que hoy en día se paga para ver cualquier templo religioso). Lo único para lo que había que pagar era para subir al Miguelete y el precio era mínimo (2€).
La catedral de Valencia se alza en un lugar ocupado en el pasado por otros edificios religiosos: primero, un templo romano dedicado a la diosa Diana, luego una basílica visigoda y, finalmente, a partir del siglo VIII, la mezquita mayor musulmana. Fue en 1263, tras la conquista de Valencia, cuando, contando con Arnau Vidal como maestro de obras, se puso la primera piedra. La construcción, promovida por el obispo dominico fray Andrés de Albalat, se prolongó hasta 1426, año en el que se puede dar por finalizada, sin tener en cuenta los añadidos de siglos posteriores. 
Como en casi todas las catedrales españolas, en la historia constructiva pueden señalarse varios períodos temporales y varios estilos arquitectónicos. En el siglo XIII estaba terminado un edificio con forma de cruz latina que se había inspirado en el modelo histórico del homo cuadratus propio de los templos románicos del siglo XII. Se habían erigido la puerta tardorrománica de la Almoina, el primer campanario, que era de estilo románico.
Vieron la luz en el siglo XIV el primer cuerpo del nuevo cimborrio, que sustituía al inicial; la puerta de los Apóstoles, construida en estilo gótico francés; el rosetón con la estrella de David; y el campanario Miguelete, que, a imitación de los campanili italianos, se encontraba exento. También se levantó en esta centuria la antigua sala capitular; hoy conocida con el nombre de capilla del Santo Cáliz, que entonces estaba aislada de la catedral.
La centuria siguiente vio cómo se alzaba el segundo cuerpo del cimborrio, obra de Martí Llobet, y cómo se añadía un tramo a las naves para unir la catedral con el aula capitular y el Miguelete.
La presencia del siglo XVI en la catedral se manifiesta en la capilla de la Resurrección y en el conjunto de arcos -la llamada Obra Nova- que rodea el ábside. Dentro del barroco se inscribe la puerta de los Hierros, la antigua capilla de San Pedro y la ornamentación del prebisterio. Y en el siglo XVIII, una decoración neoclásica (pilares corintios, cornisas y arquivoltas grecorromanas) diseñada por Antonio Gilabert transformó la apariencia original del interior. Debe decirse que en los años 60 del siglo XX se eliminó gran parte del revestimiento neoclásico, recuperando las naves su apariencia primitiva.
La catedral, que refleja la austeridad arquitectónica defendida por las órdenes mendicantes (es visible la ausencia de esculturas en los capiteles y la utilización del ladrillo en las bóvedas) y las proporciones clásicas de las basílicas romanas, es un edificio con forma de cruz latina, que posee tres amplias naves, crucero cubierto por cimborrio y girola con capillas. Mientras la nave principal alcanza una altura de 16 metros, las laterales sólo llegan a 12.
Portada de la Almoina, catedral de Valencia

Tres portadas tiene la seo: la de la Almoina, la de los Apóstoles y la de los Hierros. La portada de la Almoina, así llamada por la limosna o almoina que se daba en la puerta de la mezquita islámica, se abre a la plaza homónima y presenta los rasgos estilísticos propios del románico tardío existente en la Corona de Aragón, aunque sujeto a influencias mudéjares. Arquivoltas con decoración de ángeles, motivos vegetales, arquillos y dientes de sierra. Llama la atención en la cornisa la presencia de siete parejas pertenecientes a la época de la repoblación cristiana, que presumiblemente aluden a algunas doncellas leridanas y a caballeros que acompañaron a Jaime I en los trabajos de conquista. Guardan restos de policromía. En los capiteles se representan 24 escenas que, desde la Creación a Moisés, contienen las páginas más significativas de la historia sagrada. Son capiteles pequeños, algunos ya borrosos, que esbozan un fondo geométrico sobre el que se muestran los motivos escultóricos y se coronan con una cornisa poblada por torres y almenas.
Catedral, portada de los Apóstoles, rosetón con la estrella de David y torre del cimborrio, desde la plaza de la Virgen

La portada de los Apóstoles se abre a la plaza de la Virgen. Esta puerta, construida en el siglo XIV probablemente por Nicolás de Autun, recibe tal nombre por la sucesión de apóstoles alojados en las jambas. Además de los doce personajes bíblicos, se ubican en los paños laterales las figuras borrosas y mutiladas de cuatro santos: San Sixto y San Lorenzo en un lado, y San Valero y San Vicente en el otro. Las estatuas hoy visibles son copia de las originales, las cuales se guardan en el Museo de la Catedral. Cobijados bajo doseletes, los apóstoles se apoyan en un pedestal adornado con dibujos geométricos, escudos, seres monstruosos y representaciones de vicios y virtudes. Son figuras risueñas, que carecen de manos (casi todas) y parecen entablar un animado diálogo sobre las nuevas siluetas que cruzan la plaza. En las tres arquivoltas de la portada se despliega una colección de ángeles, profetas y santos. Ocupa el tímpano la imagen de la Virgen con su Hijo, flanqueada por ángeles que tocan instrumentos musicales. Corona las arquivoltas un gablete de tracería lobulada. Sobre la puerta se abre un rosetón gótico de grandes dimensiones, que dibuja, con fina labor de tracería, la estrella de David.
Hecho relevante relacionado con esta puerta es que todavía congrega, los jueves a las 12 del mediodía, a los miembros del Tribunal de las Aguas (Tribunal de les Aigües de la Vega de València), institución que, desde hace más de mil años, juzga de forma oral todos los pleitos entablados por los agricultores de la huerta valenciana. Los juicios semanales, que atraen la presencia de muchos curiosos, son un espectáculo en sí mismos. Aunque el tribunal no está formado por jueces de carrera, emite unos dictámenes que son respetados escrupulosamente por los litigantes. Los ocho miembros del tribunal, sentados en semicírculo y ataviados con los típicos blusones de labrador, deliberan en valenciano mientras la multitud escucha en silencio los argumentos contrapuestos. Las multas se imponen en lliures, moneda local fuera de uso.
Portada de los Hierros de la catedral de Valencia 

La tercera portada de la catedral, abierta a la plaza de la Reina, es la portada de los Hierros, así llamada por las rejas que conforman una especie de atrio en la entrada. Comenzada en el año 1703 de acuerdo con los planos trazados por el austríaco Conrad Rudolf, fue terminada en 1741 por el escultor valenciano Francisco Vergara. Fue concebida como el telón escenográfico de una estrecha calle que sufrió derribo posterior. Y así, con la combinación de líneas cóncavas y convexas, esta manifestación del barroco valenciano, que recoge influencias de algunos maestros italianos como Borromini, pretendió mostrar lo máximo posible en el mínimo espacio existente, mientras generaba una sensación de movimiento y brindaba un interesante juego de perspectivas. A modo de retablo, se organiza en tres cuerpos y tres calles, mientras un ático con forma de frontón semicircular discontinuo corona la composición.
Rosetón desde el interior, con la estrella de David

A la izquierda del primer cuerpo, se puede apreciar la imagen de Santo Tomás de Villanueva, que luce capa, cubre su cabeza con mitra y se muestra en actitud de dar limosna a un tullido; en la calle derecha, la imagen de San Pedro Pascual, vestido de canónigo y con un libro abierto en la mano. Sobre el arco de entrada refulge la Adoración del nombre de María, grupo escultórico de estilo rococó labrado en 1752 por el escultor Ignacio Vergara. En el segundo cuerpo aparecen conjuntos alegóricos que contienen medallones con los retratos de los papas valencianos Calixto III y Alejandro VI y doncellas que representan las virtudes; y en el último cuerpo, lleno de fuerza y dinamismo, se muestra el altorrelieve de la Asunción de la Virgen, obra destacada de Francisco de Vergara.
Presbiterio de la catedral de Valencia

En el interior de la catedral, lo primero que llama la atención del visitante son las pinturas del presbiterio. Detrás de las seis tablas frontales has otras seis más, pintadas a comienzos del siglo XVI por Hernando de Llanos y Hernando Yáñez de la Almedina. Es una obra maestra del primer Renacimiento español, en la que se desarrollan escenas de la vida de la Virgen. Realmente, los óleos son las puertas que cerraban un espléndido retablo de plata repujada concluido en 1506, que fue fundido en 1813 para sufragar los gastos ocasionados por la Guerra de la Independencia. En el conjunto de pinturas realizadas por estos dos maestros castellanos que cultivaron el nuevo estilo se pone de manifiesto la amplitud de las composiciones, la disposición de personajes en planos paralelos a la superficie del cuadro, la elegancia de las vestimentas y la monumentalidad y equilibrio de las arquitecturas.
Interior de la catedral de Valencia

Este conjunto pictórico aparece disminuido por la recargada ornamentación que recubre las nervaduras de la bóveda y el resto del presbiterio. Los bajorrelieves de mármol, las portadas barrocas con columnas salomónicas y las estatuas doradas de santos valencianos se incluyeron en las obras de renovación de la capilla mayor ejecutadas en el siglo XVII por el arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel, quien borró las líneas góticas con su frondosidad ornamental, tenida por algunos especialistas como una obra maestra del decorativismo barroco.
Crucero de la catedral de Valencia

Entre las nervaduras de la bóveda se puede admirar un conjunto de pinturas murales renacentistas que fueron encargadas por Rodrigo de Borja cuando era obispo de Valencia y cardenal en Roma. Son sus autores los pintores italianos Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio, y destacan en la historia de la pintura renacentista en España, que penetra en la Península por Valencia. En las cuatro plementerías y totalmente restaurados, se muestran seis espléndidos ángeles músicos que exhiben una decoración dorada en ciertas partes, posteriores a su ejecución inicial.
El coro, que fue trasladado en 1940 desde e centro de la nave principal al presbiterio, dispone de algunos elementos pertenecientes a una sillería de estilo herreriano, tallada en madera de caoba, que tiene en el centro el sillón arzobispal.
Cimborrio de la catedral de Valencia

Contrasta la escasa altura de las naves con los 40 m. que alcanza el cimborrio, construido entre los siglos XIV y XV y considerado una obra maestra del gótico europeo. De planta octogonal, tiene abiertas en sus muros un total de 16 ventanas, que filtran del exterior una luz que remarca el punto central del crucero y realza el barroquismo del presbiterio. Desde el siglo XVIII, láminas de alabastro ocupan las vidrieras que cubrían los huecos de los ventanales. La luz que llega de lo alto ilumina también el púlpito gótico (siglo XIV) desde el que predicaba San Vicente Ferrer.
Con respecto a las demás capillas, las reformas efectuadas en los siglos XVII y XVIII eliminaron las trazas góticas, configurando un interior que responde a modelos decorativos neoclásicos. Con respecto a las capillas laterales y de la girola, sólo me detuve en unas pocas, porque llamaron mi atención.
Capilla de la Resurrección y relicario, catedral de Valencia 

La capilla de la Resurrección cuenta con un frontal exterior que fue esculpido en alabastro traslúcido siguiendo las trazas de Yáñez de la Almedina. Desde comienzos del siglo XVI aloja un altorrelieve en alabastro que representa la Resurrección del Señor y es obra de Gregorio de Biguerny. Se encuentra en el interior un relicario que contiene el brazo izquierdo incorrupto de San Vicente Mártir.
Capilla de la Buena Muerte, catedral de Valencia

Frente a la capilla de la Resurrección se abre la capilla de la Buena Muerte, que luce en la parte central del retablo un Cristo crucificado (siglo XVII), talla de estilo barroco atribuida a Juan Muñoz.
Capilla de la Virgen del Pilar, catedral de Valencia

La capilla de la Virgen del Pilar mantiene las nervaduras góticas sin aderezos neoclásicos. Mientras expone en sus muros seis tablas de Juan de Borgoña, descansa en uno de los lados la tumba de don Raimundo Gastón, obispo de Valencia en el siglo XIV, enterramiento gótico que fue descubierto en el año 2003.
Fuente bautismal

Con respecto a la fuente bautismal, sobre ella se exhibe uno de los mejores trabajos de Vicente Maçip, el Bautismo de Cristo, tabla pintada en 1553 (en la que también participó su hijo Juan de Juanes), donde se pone de manifiesto la consolidación de la influencia del estilo rafaelesco en España. Notas que distinguen este cuadro son la belleza del paisaje articulado por el río Jordán, la monumentalidad de los personajes y la sobriedad técnica de la composición.
Con respecto al Museo de la Catedral estaba cerrado, entiendo que por los actos religiosos derivados de la Semana Santa, ya que según el horario debería estar abierto, pero no fue el caso. 
Torre del Miguelete

Pero había algo en la catedral que ya había llamado mi atención desde antes de acceder: la torre del Miguelete. No sabía que subir sus aprox. 200 escalones me iba a dejar las piernas como si fueran de crema.
La torre campanario de la catedral eleva su figura sobre las tejas de la ciudad histórica como uno de los símbolos caracterizadores de Valencia.
Llamada Miguelete (Micalet) por alojar en la terraza la campana de San Miguel, que es la principal de las 13 que hay en el recinto, posee planta octogonal y mide 51 metros de altura (ó 285 palmos valencianos), cifra que, curiosamente coincide con la que marca su perímetro. En 1381 se puso la primera piedra de esta obra emblemática y en el año 1424 la última, interviniendo en su ejecución varios maestros de obras: Andreu Juliá, Joan Franch, Pere Balaguer y Martí Llobet. Se coronó con espadaña en 1727.
Vistas de Valencia desde el Miguelete

Cuatro cuerpos se distinguen en el Miguelete, aunque es en el último donde se concentra la decoración gótica. Mientras el primero alberga el comienzo de la escalera, el segundo contiene una estancia octogonal utilizada en el pasado como asilo donde se refugiaban los perseguidos por la justicia que se acogían a sagrado. El tercer cuerpo estaba habitado hasta el siglo XIX por el maestro campanero, que desde este lugar tenía muy a mano realizar su trabajo. En el cuarto, configurado por ocho ventanales de arco apuntado, residen 11 campanas. Y todas tienen nombre propio.
Trece son las campanas de la catedral que señalan, con sus tonos de bronce, el inicio de las grandes festividades o el simple paso del tiempo. Y forman parte del esplendor arquitectónico que, hasta época barroca, gozaron los campanarios de las iglesias valencianas. Tanta que los fundidores de campanas -o campaneros- tuvieron hasta hace pocos años calle propia. Tanta que en 1989 se creó una asociación cultural, Gremio de Campaneros Valencianos, que se afana en estudiar y divulgar esta ciencia.
En el tercer cuerpo de la torre se alojan campanas que tienen casi 600 años de edad, pero también otras más jóvenes. La que atesora mayor longevidad responde al nombre de Catalina y nació en 1305. Dicen los libros que, aunque sólo pesa 512 kg., su voz es la más vieja de toda la antigua Corona de Aragón.
La más moderna obedece al nombre de Bárbara y sus 767 kg. de peso comenzaron a tañer en el año 1681. Alguna emite un sonido grave y profundo, como hace Jaime, y otras se han especializado en emitir sones especiales, como Manuel, que nació en 1437 y pesa 2.500 kg. Esta última tiene la virtud de reproducir el tradicional toque que, en el Medievo, anunciaba el cierre de las puertas de entrada a la ciudad.
Algunas lanzan una señal lastimera en búsqueda de su origen en el tiempo, como Úrsula, que con sus 307 kg. es la más pequeña y no se sabe la fecha en que fue creada. La campana María exhibe la rotundidad que le otorgan sus 3.590 kg. de peso, además de una madurez acreditada, pues fue fundida en 1544.
Campana Miguel, en la terraza de la torre del Miguelete

Las dos campanas más importantes de la catedral viven en el piso superior de la torre. Habitan una terraza con espléndidas vistas, para ser así mejor oídas en toda la ciudad, ya que no sólo proclaman la algarabía de la fiesta, sino que anuncian el paso del tiempo. La campana Miguel, que sólo marca las horas, es, con sus 7.805 kg., una de las más grandes de España y la de mayores dimensiones de la antigua Corona de Aragón.
Sobre ella se levanta, apoyada en una espadaña erigida en el siglo XVIII, la campana de San Vicente Ferrer, que lleva grabado el escudo de la ciudad. Nació con menores ambiciones que su compañera y sólo marca los cuartos.
Centro arqueológico de la Almoina

Cuando salí de la catedral, llegué a la Plaza de la Almoina. Esta plaza se ha convertido en un espacio moderno, donde se pueden contemplar las maquetas que explican el yacimiento arqueológico.
La marcada horizontalidad queda subrayada por los tejados del Almudín, la balaustrada del palacio de la marquesa de Corominas, la línea de balcones, la cornisa de la basílica, la visera de hormigón que acoge el Centro Arqueológico y las líneas que definen el nuevo perímetro obtenido tras la rehabilitación.
Restos arqueológicos de la Almoina

Bajo las modernas láminas de piedra caliza que revisten el edificio del Centro Arqueológico se esconden los vestigios arqueológicos que testimonian el pasado más remoto de la ciudad. El Centro Arqueológico invita a adentrarse en los tiempos fundacionales de la urbe (que tuvo lugar en el año 138 a.C. y se produjo en el cruce de los dos grandes ejes viarios: cardo y decumanus) y ver los materiales de esa época, entre los que se cuentan el hórreo y las termas del siglo II a.C., conjunto considerado entre los más antiguos que se conocen en todo el mundo romano. 
A los tiempos de la Valencia imperial, época en la que se refundó la ciudad, pertenecen el ninfeo (siglo I d.C.), levantado en el mismo lugar que ocupaba el santuario dedicado al culto de las aguas, un pozo, el foro y una zona que los expertos relacionan con la curia.
Restos arqueológicos de la Almoina

También se pueden contemplar restos de la época visigoda, como un pozo, una necrópolis, el ábside de la iglesia donde se cree que fue martirizado San Vicente Mártir y las dos capillas que lo flanquean: una en el recinto de la Almoina y otra, que se conoce como cárcel de San Vicente.
Entre los restos islámicos encontrados en las excavaciones figuran un pozo con noria y algunos muros del posible alcázar, así como los baños en los que fue convertida una de las capillas de la basílica visigoda. Entre los islámicos, la ciudad se conocía como Balansiya
Casa del Punto de Gancho, plaza de la Almoina

La Casa del Punto de Gancho (Punt de Gantxo) también se encuentra en la plaza. Es un edificio construido por el arquitecto Manuel Peris en el año 1906 y posee dos fachadas de enorme atractivo. La fachada que da a la plaza de la Almoina presenta un fondo granate sobre el que se realzan motivos florales. Recibe este nombre la vivienda por el "punto de gancho" visible en los esgrafiados de tradición barroca, que se configuran con motivos florales de color blanco y se exponen sobre los citados fondos. La presencia de formas vegetales en miradores, repisas, barandillas y coronamiento otorgan a las fachadas un aire naturalista muy naïf. Es uno de los primeros edificios modernistas que se levantaron en Valencia. 
Pasadizo y arco renacentista

Un pasadizo, sustentado por un arco renacentista y sólo frecuentado por los miembros de la curia, une la catedral con la Basílica de los Desamparados
Catedral y Basílica de los Desamparados

Este templo fue alzado a mediados del siglo XVII para continuar con el culto de veneración que, desde la Edad Media, se venía rindiendo a la Virgen de los Desamparados en una capilla de la catedral y también como muestra de gratitud a la Virgen tras haber intervenido en la extinción de la peste propagada en 1647.
Fue el maestro requenense Diego Martínez Ponce de Urrana el ejecutor de las obras y probablemente también el autor de la traza. La fábrica exterior combina la piedra blanca de Godella con el ladrillo de los alfares próximos, mientras la cúpula y la linterna se cubren con revestimiento cerámico. Se forma así una atractiva policromía de rojos, azules y blancos.
Plaza de la Virgen

Muy cerca de la plaza de la Almoina se encuentra la Plaza de la Virgen. Se trata de un lugar de tránsito fugaz y estancia prolongada. De tránsito fugaz porque se halla en un lugar estratégico que posibilita desplazarse a otras zonas relevantes de la ciudad histórica. Y de estancia prolongada, porque hay bancos de piedra que permiten descansar de la fatiga y resguardarse del sol, terrazas que invitan a la plática y a la contemplación, rumores de agua que envuelven y acarician.
Además de algunos nuevos edificios surgidos sin demasiado acierto estético, conforman el perímetro de la plaza la fachada monumental de la basílica, la portada catedralicia de los Apóstoles, las arquerías renacentistas del ábside y la silueta de la casa Vestuario. También se suman al conjunto el jardín que antecede al palacio de la Generalitat, la pared de sillería de su torre norte y varias fachadas academicistas. 
Monumento al río Turia, plaza de la Virgen

En uno de los lados se levanta el monumento al río Turia, obra del escultor Manuel Silvestre Montesinos, inaugurada en 1976. Un círculo de doncellas desnudas -y peinadas al estilo de las labradoras valencianas- vierte al estanque central el agua que nace de los cántaros. En el centro de la fuente ovalada se recuesta el padre Turia, que sujeta con la mano derecha el cuerno de la abundancia. Las doncellas apoyan sus pies en un pedestal que tiene grabado el nombre de las ocho acequias que alimentan el caudal del río.
Calle Caballeros

De allí cogería una de las calles principales y más transitadas: la calle Caballeros. Recorrer esta calle es asomarse a la historia de la ciudad mediante las muestras de arquitectura, pues en ella se aposentaron los grandes apellidos nobiliarios de la Valencia Medieval, que llenaron de escudos heráldicos las fachadas de sus casas. Eligieron esta vía urbana por hallarse en sus proximidades los núcleos básicos del poder religioso y político: la catedral, la sede de la Inquisición, la casa de la Ciudad y el palacio del Batle.
Comienzo de la calle Caballeros desde la catedral

En el siglo XIX, época de esplendor económico, algunos de los antiguos palacios góticos se transformaron en edificios isabelinos que siguieron mostrando al exterior, en sus fachadas y balcones, en sus trabajos de forja y ornamentaciones modernistas, el bienestar de la burguesía acomodada.
Las últimas décadas han traído consigo una proliferación de tascas, cafés, tabernas, locales de ocio, bares de copas y restaurantes. Conviven así, en este paisaje urbano, signos de distinta procedencia: patios góticos, escaleras renacentistas, fachadas eclécticas, miradores modernistas, el teatro Talía, un museo de soldaditos de plomo, tiendas de antigüedades y hornos donde se cuecen piezas de repostería.
Edificios en la calle Caballeros

En la calle Caballeros no sabía adónde mirar y es que soy una verdadera entusiasta del modernismo y adoro los edificios modernistas. Entre varios palacios, cabe destacar el Palacio de la Generalitat, cuyas fachadas se pueden ver desde las calles Caballeros y Batlia y la plaza de Manises. 
Palacio de la Generalitat

La mansión nobiliaria que hoy se puede contemplar es fruto de la historia y de las transformaciones que se han ido sucediendo con el trascurso del tiempo. En 1422 comenzó siendo un palacio gótico dotado de un cuerpo central y una torre orientada a la catedral, y en el siglo XX se construyó una nueva torre imitando el estilo de la que tenía, con el fin de otorgarle espacio y simetría.
El edificio primitivo empezó a construirse en 1422, cuando se remodelaron varias casas particulares con el fin de levantar este edificio.
Torre de San Bartolomé

En la calle Caballeros también se erige la Torre de San Bartolomé, último vestigio de lo que en su origen fue un templo que se levantó en los tiempos de la Reconquista y que en el siglo XVII sufrió una profunda remodelación. Fue en 1944 cuando se derribó la iglesia, pretextando el deterioro ocasionado por los incendios del año 1936. Con el acto de demolición se constataba la falta de cultura de un régimen político, y también la ausencia de sensibilidad artística por parte de la ciudad que consintió el atropello.
Como peculiaridad, cabe destacar que en el siglo XVII la torre tuvo que ser enderezada, se supone que por el riesgo de caerse. Hizo este trabajo el arquitecto Juan Bautista Pérez.
Fachada del Palacio de los Malferit

En los números 20-22 de la calle Caballeros se encuentra el Palacio de los Malferit, que sufrió la intervención de Lucas García Cardona, ya que transformó la fachada de la antigua mansión gótica en un modelo inspirado en los palacios renacentistas italianos. Quedan restos del caserón gótico como el patio con arcadas de piedra y escalera que permite el acceso al Museo L'Iber.
Museo de los Soldaditos de Plomo

El Museo L'Iber (Museo de los Soldaditos de Plomo) me pareció espectacular. Está formado por el millón de piezas que reúne la colección de Álvaro Noguera.
Comprende diversas series de miniaturas que reproducen algunos sucesos relevantes de la historia de España (batalla de Almansa, abrazo de Vergara).
Un vistoso universo de figuras minúsculas alinea escuadrones de soldados españoles, reproduce enfrentamientos, dibuja ejércitos o formaciones militares de otros países y exhibe siluetas que reflejan tiempos pretéritos o de la vida diaria, las modas, los oficios y las ocupaciones.
Recreación de la batalla de Almansa, Museo L'Iber

La procesión del Corpus en miniatura, Museo L'Iber

La aldea gala de Astérix

Había también recreaciones del cine y de cómics en miniatura, y entre ellos yo soy fanática de Las Aventuras de Astérix, que también estaba la aldea gala y sus personajes.
Torres de Serranos desde el antiguo cauce del Turia

La calle Caballeros me llevó hasta las Torres de Serranos que son, junto a las de Quart, uno de los vestigios que aún quedan de las murallas medievales. Esta puerta permitía acceder al interior de la ciudad a quienes procedían de Aragón y Cataluña. 
Integran el conjunto dos torres gemelas, levantadas en el siglo XIV a instancias de los Jurados de Valencia, que deseaban realzar el principal acceso que tenía la urbe sustituyendo la modesta puerta hasta entonces existente por otra que representara mejor la nueva importancia adquirida. Fue el maestro Pere Balaguer quien las construyó, quizás inspirándose en algunos modelos catalanes.
Cada una de las torres se muestra como una recia edificación de sillería, de planta poligonal, que se une a la otra mediante un cuerpo central en el que se abre la puerta. Ésta se configura mediante un arco de medio punto que mide 6,5m. de alto y luce sobre las dovelas, en compañía de ángeles y los símbolos heráldicos urbanos, el escudo del antiguo Reino de Valencia. Una atractiva decoración de filigranas góticas, promovidas por arcos conopiales entrelazados, ilumina la fachada orientada al río. Una crestería de almenas remata la composición.
Torres de Serranos desde la calle Serranos

Las torres, que fueron levantadas con fines defensivos, se cerraban por la noche, impidiendo el paso de los rezagados, que así se veían obligados a dormir a la intemperie. La expresión "quedarse a la luna de Valencia" proviene de esta circunstancia. Además de servir de bastión y baluarte, otras utilidades se encontraron en el pasado a las torres, como cárcel para nobles y caballeros entre los siglos XVI y XIX. En la actualidad se utilizan como escenario para acoger el pregón (cridà) que pronuncia la Fallera Mayor, pregón que señala el inicio de las Fallas.
Plaza del Tossal

Regresé sobre mis pasos hasta la Plaza del Tossal, una ajetreada plaza donde confluyen algunas de las arterias más importantes de la ciudad. Esta plaza recuerda a las ciudades italianas.
Fachada del Café Infanta, plaza del Tossal

Allí tomé un café en el Café Infanta que, además de café, es un bar de copas con terraza. Tiene un interior ecléctico que ofrece antigüedades, carteles, fotos históricas y letreros relacionados con el cine.
Café Infanta, detalles del interior

Café Infanta, detalles del mostrador

En la cafetería saqué el mapa porque me encontraba en una zona en la que todo me pillaba cerca y aún me quedaba por ver. Así que me encaminé hacia la plaza del Mercado. 
Mercado Central

La Plaza del Mercado es un lugar singular, que en el pasado fue cementerio islámico, zona extramuros en el siglo XIV, patíbulo para ajusticiar a condenados desde el siglo XV hasta la regencia de Mª Cristina y escenario donde se representaban corridas de toros y torneos medievales. 
La cotorra del mercat, aunque el día estaba nublado, se puede ver en la aguja al pájaro que simboliza el bullicio del mercado

La entrada principal del Mercado Central se sitúa frente a la Lonja, en uno de los puntos donde se manifiestan las irregularidades de la plaza. A ella también se asoma, desde su puesto de vigía en lo alto de la cúpula, la llamada cotorra del mercat, que es una veleta que simboliza el bullicio que genera la actividad comercial.
Este solemne edificio modernista sustituyó en el siglo XIX al mercado Nuevo, que se alzaba en el espacio anteriormente ocupado por el convento de la Magdalena. Se construyó entre 1915 y 1928, de acuerdo con los planos trazados por Alejandro Soler y Francisco Guarda. Corona el centro de la estructura una gran cúpula central que mide 30 metros de altura y se halla decorada con cerámica valenciana que muestra, sobre todo, limones y naranjas.
La superficie construida, los casi mil puestos que alberga, la armonía arquitectónica del edificio y la riqueza decorativa que encierra lo convierten en el marcado modernista más bello de Europa y uno de los más grandes.
La Lonja de Valencia

Uno de los edificios más llamativos de Valencia se encuentra junto al Mercado, y no es otro que la Lonja de la Seda. Por su belleza y significado histórico, es el edificio representativo de la ciudad y uno de los más destacados del gótico civil europeo. En 1931 fue declarado Monumento Artístico Nacional y en 1996, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Ubicado en el antiguo barrio medieval de los mercaderes, nació como fruto de la riqueza y el esplendor alcanzados por la oligarquía mercantil, que en el siglo XV vivía en la ciudad más poblada de España y quizás también la más rica.
Patio de Naranjos, Lonja de la Seda

La Lonja de Mercaderes (Llotja de Mercaders), también conocida como Lonja de la Seda por ser éste el producto con el que durante mucho tiempo se comerció en ella, comenzó a construirse en 1483 gracias a la iniciativa del Consejo General de la Ciudad, que deseaba dotarse de un edificio representativo donde poder llevar a cabo las transacciones comerciales. Fueron los arquitectos Pere Compte y Joan Ibarra quienes dieron forma al proyecto y dirigieron unas obras que duraron 15 años. Ocupa una superficie de casi 2.000 metros cuadrados, que pertenecían a las 25 casas que fueron compradas y derribadas para levantar el nuevo inmueble.
Entrada a la Lonja de la Seda, calle de la Lonja

Tanto en las gárgolas como en las arquivoltas de las puertas y los parteluces se despliega una interesantísima colección de esculturas de carácter naturalista, que a veces encierran oscuros simbolismos y muestran animales, monstruos, figuras humanas, máscaras, seres fantásticos, formas vegetales, híbridos entre hombre y animal nacidos de la fantasía más libérrima. La obscenidad e irreverencia de muchas de sus imágenes subrayan el carácter laico del edificio y la total libertad con la que trabajaban los maestros canteros. Dignas de especial mención son las figuras zoomorfas y antropomorfas que se exhiben en las gárgolas.
Gárgola en la Lonja de la Seda

Por su lejanía respecto a los ojos del espectador, las gárgolas siempre han sido un lugar preferido por los maestros canteros para dejar constancia de sus osadías, burlas e irreverencias. Como ejemplo de burla manifiesta, en una de las esquinas de la sala de Contratación, una figura con el rostro arrebatado por el éxtasis se masturba con la mano derecha mientras con la izquierda sostiene el jarro que ha de recoger el líquido seminal. Contrasta esta representación provocativa con los dos ángeles alados que, en la misma esquina, sostienen el escudo de la ciudad.
Articulados por el patio de los Naranjos, se diferencian tres cuerpos: la sala de Contratación, el torreón y el pabellón del Consulado del Mar.
Sala de Contratación, Lonja de la Seda

La sala de Contratación es un amplio y diáfano espacio columnario, en el que surgen ocho esbeltas columnas con decoración helicoidal que sustentan un amplio y armonioso despliegue de 15 bóvedas de crucería. Otras 16 columnas se hallan empotradas en los muros laterales. La diafanidad del espacio, la elegancia de los muros y la esbeltez de las columnas definen un ámbito singular que induce a elevar los ojos hacia unas bóvedas que tuvieron policromía. 
Aquí se ve parte de la inscripción latina, Lonja de la Seda

En el arranque de las bóvedas se extiende una inscripción latina que, además de señalar el número de años empleados en la consecución del edificio, incluye elogios al comercio que se ejerce sin cometer fraudes y al dinero que se presta sin usura. La traducción es: "Casa famosa soy, en quince años edificada. Conciudadanos, probad y ved cuán bueno es el comercio que no lleva fraude en la palabra, que jura al prójimo y no le falta, que no da su dinero con usura. El mercader que vive de este modo rebosará de riquezas y gozará finalmente de la vida eterna".
En este salón se instaló la Mesa de Cambios y Depósitos (Taula de Canvis i Deposits), primera institución bancaria de carácter municipal, que había sido fundada en 1407. Tenía como objeto facilitar el cambio de moneda y acoger el depósito de alhajas, objetos de valor y fondos dinerarios, tanto procedentes de particulares como de instituciones. En 1371 se emitió la primera letra de cambio de la que se tiene noticia en España, girada contra los Jurados de la ciudad por un importe de 100 florines de oro.
El suelo está formado por piezas de mármol -blancas, negras y ocres- que en algunos lugares dibujan estrellas de seis puntas.
Como la lluvia impedía subir a la parte superior de la Lonja (escalera de caracol en el exterior), habían habilitado que los visitantes pudieran visitar los sótanos de la Lonja.

Y un buen momento para dar por finalizado este primer día, que vi tantas cosas que se me escapan.
Calle Serranos

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