Viajar a Valencia en la pasada Semana Santa no fue una buena elección por la climatología, pero no cambié el viaje porque, al fin, pese a ese pequeño temporal de agua y viento, son varios días de vacaciones y, además, tenía ya la entrada para la "Harry Potter Exhibition". Ni que decir tiene que de Harry Potter he leído todos los libros, pero de las películas sólo había visto las tres primeras... hasta que les expliqué a mis sobrinas que íbamos a dejar de lado las películas de princesas para ver las películas de los niños magos. Y tuve que comprarles toda la colección, así que mis sobrinas están entusiasmadas con Harry Potter y yo no podía decirles que ya no iría a ver la exhibición que había en Valencia, porque ellas querían una varita mágica.
Pese a las inclemencias del tiempo, Valencia me pareció una ciudad preciosa, muy bulliciosa y con mucha historia. Adoro los edificios modernistas y la ciudad está llena de edificios que me recuerdan a Gaudí y sus seguidores. Así que pasear por Valencia se convirtió en algo magistral, aunque la capucha tuve que sustituirla por un paraguas.
Me quedé con la espinita de no haber podido visitar el Museo Fallero, donde un cristal había reventado por el mal tiempo y se encontraba cerrado por motivos de seguridad. Pero me encantó el Museo de Soldaditos de Plomo, me pareció magnífico. Adoré la Ciudad de las Artes y las Ciencias por su majestuosidad, me dejé llevar por las calles del centro llenas de edificios magníficamente construidos mientras se escuchaban las campanas de la catedral, y volví enamorada del Oceanográfico, que sin tener muchos animales los cuidan muchísimo, y se nota. Allí se me ofreció la posibilidad de ver el Oceanográfico por dentro, y eso me terminó de enamorar, sobre todo por la labor que hacen biólogos, buzos y toda esa gente que no vemos y que se ocupa de los animales. Hoy todavía siento algo de pavor cuando recuerdo la caminata sobre un pasadizo de hierro sobre el tanque de los tiburones, algo insólito.
De hecho, lo que me decepcionó fue el montaje de Harry Potter, y es que me supo a poco. Pensaba que la exposición sería más fastuosa, y cuando me encontré en la tienda llegué a pensar que me había dejado alguna sala sin ver, por lo que volví sobre mis pasos, pero no, me quedé con un sabor agridulce.
En los próximos días hablaré de mis andanzas por Valencia, ciudad en la que nunca había estado. Es curioso, con la de veces que he visitado el Mediterráneo y nunca antes había estado en las grandes urbes que se encuentran en su litoral, a excepción de Barcelona.
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