Para mí visitar el monasterio de Yuste, cerca de la población de Cuacos, fue algo muy enriquecedor. Sobre todo, en lo que se refiere a refrescar nuestra historia.
Yuste es el último retiro del emperador Carlos I de España y V de Alemania. Con miles de batallas a sus espaldas, un imperio que estaba haciendo aguas con muchos frentes abiertos, traicionado por todos, aquejado del paludismo que iba mermando sus extremidades, viudo desde varios años atrás, Carlos V eligió el idílico monasterio de Yuste, donde pasaría los últimos 20 meses de su vida hasta que falleció el 21 de septiembre de 1558.
Ubicado en una ladera de la Sierra de Gredos, en una montaña cercana se encontraba el antiguo monasterio de los Jerónimos. Hoy en día el monasterio de Yuste se encuentra ubicado en la ladera, algo más abajo que el antiguo monasterio jerónimo.
Carlos V trajo un séquito de 54 personas, los verdaderos amigos y sus máximos allegados, que le acompañarían durante esos veinte meses. Allí el emperador tenía una vida tranquila dedicada a los libros, la pesca, los paseos, pero también recibía algunos visitantes de la corte (de ahí que haya una sencilla sala de audiencias).
El monasterio está formado por dos claustros (gótico y plateresco) que nos invitan a respirar la tranquilidad que un día recibió al emperador.
En la parte palaciega, donde no se pueden hacer fotos, nos encontramos una sala de audiencias -reproducida tal cual debió ser-, el trasportín real, la silla donde se sentaba (con una pata para arriba, aunque la silla en realidad perteneció a su hijo, Felipe II), la capilla que está conectada con la habitación donde murió y el dormitorio donde pereció. Quizás lo que más impone es ese dormitorio cubierto con cortinajes negros en la cama adoselada y en las paredes, como el ventanuco desde donde se ve la reproducción del cuadro que mandó pintar a Tiziano antes de su muerte (el cuadro original se encuentra en el Museo del Prado). Además, allí se encuentra también el bello retrato de su esposa, Isabel de Portugal, fallecida veinte años antes. En la capilla no hay un retablo sino el bello lienzo reproduciendo la ascensión del emperador al Reino de los Cielos.
Además de todas las salas, donde se pueden contemplar bellos lienzos sobre la vida del emperador, impresiona la cripta donde hay un ataúd antiquísimo en donde estuvieron los restos del cuerpo del emperador, y donde se mantuvieron sin corromperse durante mucho tiempo (debido, sin duda alguna, al frío que hace en la cripta).
Casi todos los muebles y obras artísticas se han tenido que ir recuperando, ya que con la invasión napoleónica los franceses se dedicaron a espoliar el monasterio (destruyendo aquello que no se podían llevar).
Cuando ya sales al jardín del emperador, te encuentras una vista magnífica de los montes cercanos, hay un embalse donde se supone que Carlos pescaba y un magnífico jardín que invita a pasear.


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