martes, octubre 27, 2009

Eran las cuatro de la tarde

Esta tarde he llegado pasadas las cuatro y había muchos sitios para aparcar, pero he ido justamente al lado de su coche. Será la primera vez. Seguro que si hubiera venido cinco o diez minutos antes nos hubiéramos cruzado. ¿Quién sabe?
Iba algo despistada. He venido por una carretera comarcal, pensando en que estaría libre de obstáculos y sólo he encontrado tractores y más tractores, que me han cedido el paso. Cualquiera va al paso de tortuga que van ellos. Uno de ellos era mi amigo I.
Estoy harta de las obras de la carretera y es que, por donde he venido, hay un tipo con una señal también por si vienen camiones. Yo creo que estar con la señal en medio de la nada tiene que ser muy aburrido. En fin, que he venido por otro sitio para evitar las obras y me encuentro con que ahí también paran al tráfico.
Tengo un día de esos en que estoy totalmente lenta de reflejos, despistada, necesito mimos y demás. Y también siento que estoy desganada, incluso para escribir.
Tan desganada estoy que lo primero que he hecho al llegar esta tarde es abrir la página de La Casa del Libro, comprar dos libros (La rosa escondida, que lo quiere mi madre, y una guía turística de Malta), registrarme antes porque no recordaba la contraseña y comprobar que el jueves sale en España El símbolo perdido, último libro de Dan Brown. Nada, ya me escaparé un rato de la oficina para ir a comprarlo. Por amor al arte, porque no me cae bien Dan Brown desde que leí La fortaleza digital, por como ponía a nuestro país. Sus libros son pura bazofia. Sí, en cierto modo es contradictorio que compre y lea un libro de alguien a quien considero tan propagandístico, a sabiendas de lo que leeré en sus páginas. Pero si no lo leo no puedo criticarle a gusto. Porque ¿cómo podré criticar su obra si antes no sé de qué va?

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