
Me apetece escribir sobre él, porque pensando en él me siento ligera, noto que me estoy meciendo en el aire. Es curioso porque, sin embargo, le siento muy lejano. Últimamente no veo su coche y ese único detalle sirve para que me dé la sensación de que está muy distante.
Me gustaría cruzármelo por la calle. Quizás así como el viernes por la noche, algo inesperado, que sientas que una fuerza superior te deja plantada en la acera sin saber cómo reaccionar. Es frustrante en la primera milésima de segundo, luego lentamente recuperas el control.
Es curioso cómo vuelvo a mirar hacia atrás: hace una semana exacta estaba con un tembleque tal que no sé si soportaría otra tarde así de nerviosa. Pero pasó y me dejaría cortar una mano por volver a pasar por algo así. Tampoco es necesario que me deje cortar la mano, puesto que sé que en cualquier momento podría ir a verle, sólo que ahora no tengo excusa.
O es eso o me voy a casa.
Cuando pienso en él me pierdo en un mundo imaginario, no importa dónde esté ni adónde vaya. Sonrío inevitablemente y además no me doy cuenta.
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