Me he acordado de él cuando he abierto los ojos por vez primera esta mañana. Sé que he sonreído. A pesar de que sea lunes, no hay día que no piense en él y sienta que todo lo que me rodea es casi perfecto.
He pensado en él a media mañana, cuando estaba tomando un café. Hoy nuestros caminos no estaban predestinados a cruzarse.
Me he acordado de él cuando a las dos y media cogía el coche para ir a comer. Pero no veía rastro de él por ningún sitio.
He añorado cruzarme con él cuando a las cuatro estaba parada en un semáforo. Y seguía sonriendo, aunque no le haya visto.
He pensado en él a media tarde, preguntándome si iba a terminar el día sin saber nada de él.
Y a eso de las ocho, caminaba pensando en él cuando he visto su coche... junto al mío. Entonces he sentido que casi tocaba esa proximidad tan nítida. Algo de mí ansiaba que él viniera en ese momento. Me he sentado en el coche y pensaba en mandarle un mensaje tal como "acabo de hacer un rayón en tu coche al desaparcar" o en salir y dibujarle un corazón inmenso en la luna de su coche. De dibujar algo no hubiera sido un corazón, pero si lo hubiera hecho seguro que me hubiera visto alguien. Le hubiera dibujado una flor. Seguía deseando verle, pero sabía en ese preciso instante que estaba cercano.
Le echo de menos. Un día sin él es como un día sin sol, aunque ha sido un día casi perfecto. Perfecto total hubiera sido si me hubiera encontrado con él, si la magia hubiera tocado mi piel, si su mirada me hubiera atrapado tan dulcemente... Pero es cierto que un día que empieza con él como primer pensamiento no puede tener nada malo.
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