lunes, octubre 17, 2011

Ha llegado el otoño

Esta tarde he estado un rato en la ermita. Al principio, con mis amigos. Llevaba al perro, porque cualquier momento es bueno para sacarle de paseo. Llevaba un libro, pero ya no es como el domingo pasado, que podía leer al aire libre sin sentir frío. Ya no. Hoy no he durado ni diez minutos leyendo y el resto del tiempo, cuando casi todos mis amigos se habían marchado ya, he estado correteando con el perro, a ver si se cansaba. Al final, está durmiendo a pata suelta.
El paisaje de la ermita es algo triste, con las hojas caídas por el césped, que ya no es la alfombra verde de hace unas semanas, sino que ahora la yerba se ha secado y el suelo se encuentra yermo y seco.
Además hace frío. La ermita, tal y como se encontraba esta tarde, y pensándolo ahora, da lugar a cierta nostalgia.
Ahora sí que ha llegado el otoño que parecía que nunca iba a llegar. Es cierto que hace tan sólo una semana parecía que aún estábamos en verano, pero esta tarde hacía frío y la ermita se encontraba en su más bello atardecer otoñal. Se estaba bien allí, pero no leyendo, sino paseando entre las hojas caídas de los árboles.

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