Fuerza de voluntad es ser consciente de algo y no permitir al corazón que se salga con la suya. A las tres me iba cuando he visto su coche. Me ha costado mucho no parar y preguntarle dónde estaba o dar media vuelta e ir a buscarle. Bien lo sé yo, que he venido todo el trayecto rumiando: "Aún puedo darme la vuelta y verle esta noche". No sé de dónde he sacado la fuerza para hacer lo contrario a lo que me decía el corazón.
Puede ser que no nos encontremos, pero si estoy ya en el coche, conduciendo a casa, y ver su coche que me corrobora que está en cualquier bar, aunque no nos hayamos encontrado... hace que sea casi un milagro que no me dé la vuelta y vaya a buscarle.
Durante diez minutos una vocecita interior me decía que diera media vuelta. Pero no lo he hecho. Aunque me hubiera gustado encontrarme con él. No sé qué me ha empujado a seguir mi camino, a no pensarlo, aunque al mirar al cielo y ver tantas estrellas de nuevo su imagen ha vuelto a mí.
Lo cierto es que llevo mucho tiempo sin tomar unas patatitas a última hora con él. Y quien dice unas patatitas dice una cerveza o lo que sea; la cuestión es compartir algo con él, mirarle a los ojos y comprobar que el mundo es perfecto y es que siempre que le mire a los ojos el mundo siempre será perfecto.
Es un buen momento para irme a soñar con él, aunque mejor sería ir a dormir con él. Pero me tendré que conformar con esos magníficos sueños en que aparece él.
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