Hoy siento mucho amor. Siento tanto amor que no veo el momento por que llegue el momento de cerrar el portátil, apagar la luz y permitir que su imagen perfecta me llene en pensamiento y sentimiento. Y entonces dormir. Con el frío, el deseo de quedarme dormida abrazándole a él (y no abrazando a su imagen) aumenta. Porque ya nos encaminamos por la recta final del mes de octubre y el último calor no era razonable en esta época. Yo prefiero el sol, pero esta tarde la lluvia era bienvenida. En el bolso tenía un paraguas rojo de Kukusumuxu que aún no he estrenado. Mi mente de repente se encontraba divagando en pensamientos diversos. Aún no he abierto el paraguas por completo, y mi mente esta tarde ya lo había abierto. Pero bajo el paraguas no me encontraba sola.
No creo que tarde mucho en ir a dormir. No veo por taparme hasta la nariz y pensar en un ángel. Aunque su voz me llegue desvirtuada, aún recuerdo la calidez de sus ojos que conforman una mirada perfecta, una mirada que contempla en sí misma todo lo mejor del mundo, aún recuerdo su sonrisa perfecta, porque siempre que sonríe sale el sol. Adoro cuando sonríe y esa sonrisa siempre me toca el alma. Hay algo de romántico en ese momento mágico en que el tiempo se congela durante unos minutos y entonces sólo existe él. En ese preciso instante, para mí sólo existe él y mi imaginación recorre mundos inexplorados, rincones prohibidos y los pequeños-grandes deseos de besarle, de acariciarle, de susurrarle palabras de amor.
Me iré a soñar con él. Quizás mañana le vea. Quizás no. Me encuentre con él o no, seguiré queriéndole igual. O un poco más que esta noche.
Le echo de menos.
No creo que tarde mucho en ir a dormir. No veo por taparme hasta la nariz y pensar en un ángel. Aunque su voz me llegue desvirtuada, aún recuerdo la calidez de sus ojos que conforman una mirada perfecta, una mirada que contempla en sí misma todo lo mejor del mundo, aún recuerdo su sonrisa perfecta, porque siempre que sonríe sale el sol. Adoro cuando sonríe y esa sonrisa siempre me toca el alma. Hay algo de romántico en ese momento mágico en que el tiempo se congela durante unos minutos y entonces sólo existe él. En ese preciso instante, para mí sólo existe él y mi imaginación recorre mundos inexplorados, rincones prohibidos y los pequeños-grandes deseos de besarle, de acariciarle, de susurrarle palabras de amor.
Me iré a soñar con él. Quizás mañana le vea. Quizás no. Me encuentre con él o no, seguiré queriéndole igual. O un poco más que esta noche.
Le echo de menos.
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