Recuerdo que cuando leí La Biblia de Barro me encontraba en el Colegio Mayor. Y recuerdo que el libro me impactó porque no me esperaba por dónde iban los tiros al final. Me gustó mucho esta novela.
En un principio, se puede pensar que es una novela histórica y nos encontramos con una novela de intriga, que mantiene el suspense hasta el final. No me extraña que me gustara tanto esta novela, ya que es de espionaje y adoro las historias de espías.
La historia transcurre en el pasado reciente de Irak, en los meses previos a la invasión norteamericana. El argumento se centra en un grupo de arqueólogos que, convencidos de haber encontrado el lugar donde estarían las legendarias tablillas escritas por el Abraham de la Biblia, emprenden una carrera a contrarreloj excavando y recuperando tesoros arqueológicos antes de que estalle el inminente conflicto bélico.
Paralelamente, tenemos la historia de cuatro amigos supervivientes al Holocausto, que hacen un pacto de venganza y, por casualidad, descubren que el arqueólogo que está tras las excavaciones es un ex miembro de la SS nazi al que habían jurado matar. El ex oficial nazi forma parte de una organización formada por sus antiguos camaradas y que se ha enriquecido robando y traficando con piezas arqueológicas de los museos.
La trama versa sobre hombres corruptos, asesinos a sueldo y víctimas de las circunstancias, por lo que resulta complicado tomar partido por uno o por otro.
La autora no se priva de hacer alusiones políticas a través de los personajes, sobre todo a través de los periodistas que cubren la guerra.

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