viernes, febrero 20, 2009

Como cada viernes...

Odio despertarme de madrugada para no poder dormir después. Siento que estoy inquieta, como si el mundo fuera a explotar sobre mi cabeza de un momento a otro.
Me agrada que esta noche Rober venga a cenar a mi casa. Aún no sé qué prepararé para nuestro banquete. Espero que esta vez no se haya depilado el pecho con maquinilla (ya le dije que le quedaba fatal), al menos espero que no venga descamisado. Como estamos en invierno, no lo creo.
Me estoy imaginando las horas de conversación para, finalmente, irnos de fiesta o quizás ver una película. No creo que sea lo último, ya que es viernes. También nos podríamos disfrazar. Total... estamos en vísperas de carnaval.
Hoy vamos a hacer un intercambio. Seguro que encontraré un hueco en la conversación para chincharle. Lo consigo con cierta facilidad y él se termina mosqueando y diciendo: "Tienes un humor un tanto extraño". Hace dos años, ante la carencia de respuestas terminó diciéndome que era una homófoba y le contesté que si realmente lo fuera no quedaría con él. Rober es gay, pero no tiene tanta pluma como otros. Desde el primer día que le vi conectamos. Lo único que no consigue es que vaya con él a "esos bares". Ya lo hice una vez y no he vuelto. Dice que les discriminan cuando son ellos los primeros que distinguen con sus "bares de gays", aún no he escuchado que los heterosexuales digamos: "bares de heteros" ni apliquemos ninguna distinción de ese tipo. 
Tengo ganas de que llegue la noche, aunque me pase dos horas cocinando. Rober siempre consigue hacerme reír. Y necesito humor.

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