
Siento una terrible desazón que no sé realmente si se debe al aburrimiento de los domingos, a la historia triste que estoy contando aparte o a terceras personas en las que no quiero pensar.
En breves, me quitaré el pijama de entretiempo y me acicalaré para ir a ver los conciertillos de mi calle. Llevo viviendo aquí desde hace unos tres años y nunca había visto que en el parque de San Esteban pusieran un escenario. Si abriera la ventana podría oír la música desde aquí, pero necesito que me dé el aire.
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