Ya ha empezado la cuenta atrás. No es que yo esté tan nerviosa, sólo tengo nervios de cara a que el sábado salga todo bien, que seguramente así será.
Me gustaría hablar cada noche con un ángel y mirarle a los ojos, sabiendo que su compañía me reconforta, que si hay nervios desaparecen y siempre llega una inmensa tranquilidad. Me gustaría cogerle de la mano y sentir la suavidad de esos dedos de pianista y sentir que el corazón se me alboroza.
Una de las frases de amor que he utilizado para el sábado y que le diría a él es: "No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy". Es simplemente perfecta.
¿Nervios? No son tanto. Es más esa ansiedad por que llegue ya el sábado.
Estos días, al seleccionar las imágenes de mi hermano y su novia, me he dado cuenta de lo rápido que pasa todo. De lo rápido que pasa la vida. Al ver la trayectoria de los dos, me doy cuenta de lo unidos que hemos estado mi hermano y yo siempre, de todas las cosas que pueden hacerse en tres décadas de vida (y las que nos quedan por hacer). Estoy nostálgica.
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