Anoche soñé que me iba a África de voluntaria, que me tomaba un año para ir al cuerno de África en ayuda humanitaria.
Poca gente lo sabe, pero hace ya unos años, cuando estaba ultimando la carrera de periodismo ya estuve planteándome ir allí. No quería que fuera una experiencia más, que en sí misma lo hubiera sido, sé que es algo que tiene que marcar. Y creo que la formación de todo ser humano tiene que pasar por una etapa de carencias que nos hagan valorar todo lo demás. Creo que en el mundo occidental no valoramos todo lo que tenemos.
Sin embargo, no me marché. No era miedo, pues sé que tengo el suficiente coraje para hacerlo, aunque desconozco si sería capaz de pasar allí un año entero. Creo que para ir al rincón más pobre del planeta hay que protegerse con una coraza muy fuerte. Mi sensibilidad estaría revoloteando alrededor de mí y creo que me entristecería ver en cada jornada tanta miseria. Creo que me sentiría impotente, ser consciente de que por más que pongas tu granito de arena esa pobreza no termina nunca.
Sé que no echaría de menos ni el ordenador ni el teléfono móvil. Echaría de menos a mi familia, a mis amigos y, por supuesto, a él. Y él también aparecía en el sueño. Él aparecía en África con un salacot cubriéndole el pelo y con una sonrisa inmensa. Y recuerdo que me fundía en su enorme abrazo, tocándole por si era un espejismo.
Últimamente pienso mucho en ese viaje que nunca hice. Me he convertido en una sibarita que realiza viajes de placer, culturales, que disfruta de cada momento fuera de casa. Pero aquel viaje nunca realizado sigue haciéndome pensar en cómo hubiera sido de haberlo llegado a hacer. Quizás algún día lo haga: nunca es tarde. Sé que me marcaría para toda la vida. Sólo que no es un viaje tan fácil como coger un avión y plantarse en Mogadiscio.
Las dos veces que he soñado con África (ayer con Somalia, hace unos días con Kenia) aparecía alguien más. Aparecía él. Siento como si algo dentro de mí me impulsara a compartir todo esto con él.
África me llama. Es como si todo el continente tuviera cierto magnetismo sobre mí, que no podría explicar ahora.
Es tarde. Hacía mucho que no pensaba en África como entonces.
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