Paul Auster publicó su primera novela con el pseudónimo de Paul Benjamin. Esa primera novela fue Jugada de presión. Hasta este año no había leído nada de este autor, y creo que fueron mis vivencias en Nueva York las que más me aproximaron a este tipo de novelas, quizás porque tras mi estancia allí quería que una parte de la ciudad quedara en mí para siempre. Y las novelas, muy americanas, de Auster suelen tener un trasfondo espacial en ciertos lugares neoyorkinos, aunque no los habituales que visitamos los turistas, sino que son planos más oscuros, quizá un tanto siniestros, que nos podemos encontrar tras rascar la primera capa de la superficie.
He disfrutado mucho con esta primera novela del autor. Con La Trilogía de Nueva York también disfruté, sobre todo porque sólo habían pasado unos pocos días desde que aterricé procedente de USA, pero en Jugada de presión he sentido más cercano al autor, quizás porque no deja ningún cabo suelto (cosa que me dejó pensativa con La Trilogía de Nueva York, que me gustó, pero muchas de las situaciones las dejaba sin solucionar, como poniendo a prueba al lector).
He decidido que seguiré leyendo a Auster, aunque en algunos lugares he descubierto que hay opiniones encontradas entre sus libros, que algunos son muy buenos y otros tan pésimos que no quedan ganas de seguir leyendo más de él. Yo, de momento, seguiré leyéndole porque lo disfruto mucho.
"Lo que ocurrió fue algo totalmente inesperado. Yo sólo había visto una vez aquella jugada, quince años antes, cuando estaba en el equipo del instituto. Los del equipo contrario nos la hicieron y perdimos el partido. La clave consiste en colocar los mejores corredores en segunda y tercera, y cuando da resultado todo sucede como un relámpago. En cuanto Wilton comenzó a preparar su primer lanzamiento, se veía venir. Webster y Turner salieron disparados como dos ratas del desierto hacia las bases siguientes y Costello se colocó en posición para golpear ligeramente la pelota con objeto de que rodara muy poco. Era el toque suicida. Cuando está bien ejecutado, no hay forma de pararlo. Costelló logró dar a la bola con la ligereza suficiente hacia la derecha de la plataforma del lanzador. Cuando Wilton cogió la pelota, Webster cruzaba el plato marcando la carrera del empate. Wilton no tenía más remedio que lanzar a primera para eliminar a Costello, y efectuó un lanzamiento pausado que superó al bateador en tres o cuatro pasos. Lo que no comprendió, sin embargo, era que Turner no se había detenido, y cuando el primera base lo vio rodear la tercera como un rayo en dirección al plato, ya era demasiado tarde. Hubo un lanzamiento, una barrida, una nube de polvo. Pero Turner había llegado y el partido se acabó. Una jugada de presión, un doble toque de sacrificio. Tres a dos para los Americans y adiós. Se hablaría de aquel partido durante el resto de la temporada".
El nombre que da título a la novela, una jugada de presión, proviene del béisbol, el deporte sagrado americano. Como no entiendo el béisbol, he tenido que releer varias veces el párrafo en que describe lo que el protagonista llama "jugada de presión". Para mí, viene a ser algo similar a la "cortina de humo", es decir, que vemos lo que está en primera plana, el humo, cuando en realidad, lo verdaderamente importante está detrás de ese humo, y cuando queremos darnos cuenta es tarde. Viene a decir que, aparentemente, hay una persona que ha ideado la forma de hacer algo, pero que la verdadera cabeza de la operación está oculta.
Max Klein es un detective neoyorkino, con un talante mordaz, que tras resolver un caso ha decidido tomarse unas vacaciones. Es entonces cuando le llama George Chapman, una estrella del béisbol venida a menos, después de que cinco años antes tuviera un accidente de tráfico en la que perdiera una pierna. Picado por la curiosidad, Klein decide atenderle y Chapman le hace entrega de una carta donde le amenazan de muerte.
Klein comienza a tirar de los hilos y se encuentra con varios tipos que quieren apartarle del caso Chapman, sin éxito. Recibe la visita de Judy Chapman, la esposa infeliz del héroe de béisbol, que teme por la vida de su marido. Klein sucumbirá a sus encantos de mujer fatal, pero no por ello se verá engañado. Klein descubre que el accidente de tráfico en el que Chapman perdió la pierna fue premeditado, habla con el conductor del camión que lo provocó (que aparece asesinado unos días después). Se entrevista con Victor Contini, un jefe del hampa, cuyo hijo Chip es el abogado de los Chapman. Se entrevista con Light, el promotor financiero de los Americans, con quien George Chapman firmó un contrato, pocos días antes del accidente, y que siguió percibiendo un salario millonario sin jugar. Light quiere derrotar a Chapman en el terreno político, pero entonces aparece envenenado Chapman en su casa mientras desayunaba.
Judy Chapman es la única sospechosa del asesinato de su marido. Klein había descubierto que Judy mantuvo una relación con un inteligente profesor universitario de sociología, el profesor Briles, que aún sigue enamorado de ella. Klein decide comprar varios libros del sociólogo y es entonces cuando ata cabos. Briles se suicida cuando es descubierto y a Judy la quitarán todos los cargos, pero Klein sabe que la verdadera manipuladora ha sido ella, aunque su marido haya terminado suicidándose. Sólo le quedaba eso: el suicidio o matarla a ella.
Es un libro que cuesta dejar de leer. La personalidad de Klein es fascinante. Las conversaciones son arrolladoras, incluso graciosas en ciertos momentos. Merece mucho la pena.
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