martes, septiembre 28, 2010

Un cuento sufí

Esta tarde he leído un cuento sufí con una moraleja que el común de los mortales no suele cumplir, por lo general.
Hablaba de un anciano que ganaba todas las batallas. Todo el mundo se preguntaba cómo un anciano que apenas se tenía podía vencer a cualquier adversario.
Un día se presentó un hombre joven y vigoroso, con unos músculos de acero, con intención de vencer al temido anciano. El hombrecillo salió a luchar con él. Al cabo de varias horas, el hombretón joven se marchó vencido y derrotado. Muchos le preguntaron al anciano cómo había podido vencer a un hombre muchos años más joven que él y con mucha más fuerza. El anciano preguntó a su vez: "Si te hacen un regalo y lo devuelves porque no lo quieres, ¿de quién es el regalo?". Respondiéronle: "Del que ha hecho el regalo". Entonces el anciano respondió: "Si una persona me entrega su ira, su venganza, sus malas artes y yo no las recojo, esa persona se marchará con todo lo que yo no he querido coger, no me he querido poner a su nivel".
Este cuento rezuma sabiduría. Viene a decir que, por lo general, el ser humano tiende a devolver aquello que se le da. Venía a propósito de que el ser humano devuelve violencia cuando se le da violencia (el cuento se narraba en el contexto de los conflictos religiosos mundiales, sobre el concurso de caricaturas de Mahoma que sacó a la luz un periódico danés hace unos pocos años y todo lo que implicaba, o más cercano en el tiempo, si el 11 de septiembre se hubieran quemado Coranes en Nueva York).
Sentimentalmente hablando, este cuento también me lleva a pensar en mi propia moraleja personal.

El cuento es de gran belleza. Es una pena que yo no lo haya contado tan bien como debiera porque creo que es buena hora para irme.

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