
Siempre he sido una persona muy risueña. Pero últimamente siempre estoy más risueña aún. Quizás es porque últimamente me siento más feliz.
Sonrío a menudo, pero cuando me encuentro con él sonrío mucho más. Es como si él me entregara una alegría especial, como si me regalara una sonrisa cada día. Es mirar a sus ojos y sentir que mi rostro se tranquiliza y los labios se curvan inevitablemente.
No se puede hacer otra cosa más que querer a una persona que te da tantas alegrías. Aparece él y siento el regocijo interior, la sonrisa externa, la calma al saber que él está tan cerca.
Tantas veces besaría esos labios, tantas veces abrazaría ese cuello, tantas veces acariciaría su pelo, tantas veces quisiera perderme en esa mirada tan dulce…
No puedo imaginar un solo día sin él. Y no me refiero al hecho de no verle (esto a veces ocurre), sino al hecho de no dedicarle un solo minuto. No podría.
¿Cómo no querer a esa persona especial que tantas alegrías me brinda cada día?
Y yo... con él tan cerca... no tengo tiempo para estar triste.
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