
Venía a casa y enfrente se perfilaba el cerro rodeado de nubes rosas y anaranjadas. Era de una belleza insólita ese atardecer...
Y pensaba, pensaba en cuánto tiempo llevo observando lo que me rodea, desde cuándo miro todo como si fuera la primera vez, desde cuando camino más despacio sólo para contemplar algo en que antes no había reparado.
Antes también me fijaba, pero era todo más fugaz. Ahora me rindo ante la belleza que me rodea y me encuentro disfrutando de todo.
Esto ocurre desde que le conozco a él. No es de extrañar que empezara diciendo que todo era magia. Esa magia derivó en amor. Al amarle a él amo todo lo que me rodea.
Me siento realmente bien, sobre todo ahora que he llegado a casa y he podido quitarme los tacones, relajarme, mientras espero a darme un baño de esos que duran horas. Prefiero las duchas, pero hoy deseo un baño con mucha espuma y sales.
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