La tarde ha pasado volando, pero ya estoy en casa. Al llegar tarde y dolerme un pie hasta el punto de que me cuesta caminar, he preferido quedarme en casa. Pero a las nueve teníamos una espicha (fiesta asturiana donde se escanciará sidra). El novio de la boda es de León y parece ser que allí también tienen parecidas tradiciones a Asturias.
¿Y mi pie izquierdo? Resulta gracioso, pero tras dos semanas en deportivas, el martes me caí en el último escalón de la oficina; parece ser que con los tacones después de tanto tiempo me encontraba desnivelada. Me hice daño en ese pie y en la mano derecha, pero como después no sentía nada no le di importancia.
Al volver en el coche he tenido que quitarme el zapato y ahora estoy descalza. No quiero mirar si lo tengo hinchado, creo que no, pero duele un poco.
Hoy espero terminar lo que empecé a escribir ayer. De momento, comento la imagen. Esa fotografía es de un dulce amanecer neozelandés, que creo que no hubiera salido así si no hubiera estado por medio la tecnología japonesa. La foto la hice desde un coche en marcha, así que tiene cierto mérito.
La imagen corresponde a la Península de Otago, una pequeña zona rodeada de mar por todos los lados menos por uno, justo donde se encontraba la ciudad de Dunedin. Es de los últimos días y nos acabábamos de levantar para ver animales en su medio natural (aunque no vimos muchos). Esta imagen me brinda cierta tranquilidad.
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