Estaba mirando al cielo. No se ve ni tan sólo una estrella. Me quedan tres o cuatro días de descripción del viaje, aunque creo que el punto culminante de todo ese viaje fue Milford Sound. Cada lugar era diferente, pero el día del fiordo fue demasiado especial. No sé si fue por el helicóptero, porque nunca había estado en un fiordo, por los paisajes tan espléndidos que vi en el camino, o quizás fuera una mezcla de todo. El caso es que ese día disfruté muchísimo.
Hace frío ahora. Estaba pensando en él. Sigo estremeciéndome al imaginarle.
Debería decir que esta noche no soñaré con él, pero bien sé que volveré a soñar con él.
Es un buen momento para ir a dormir. Creo que no hay estrellas en el cielo porque se fueron con él.
Y si no hay estrellas mañana no saldrá el sol. Lo que ocurre es que mañana, como jueves, iré a la peluquería. Sólo si está nublado. Si sale el sol prefiero ir a la piscina, ya que es tontería ir a peinarse cuando dos horas después tendré de nuevo el pelo rizado.
Mañana tampoco podré escribir sobre el viaje porque llegaré más tarde a casa. Tengo que hablar de los buscadores de oro y de que me perdí de regreso al Resort Edgewater. He buscado una foto de las vistas que había desde la habitación. Lo cierto es que eran una especie de bungalows que me recordaron mucho a los moteles de carretera que salen en las películas americanas, quizás porque tenían pasillos exteriores para entrar y estaban separados en varios bloques. Todo allí estaba rodeado de césped. Y nuestras ventanas daban al Lago Wanaka.
La imagen es por la mañana. Ese día ni siquiera estaban echadas las cortinas tupidas para ver el lago nada más abrir los ojos. ¿Y en quién pensé nada más ver la magnificencia de lo que se extendía ante mí? En un ángel, en lo mucho que me gustaría compartir aquel cúmulo de sensaciones inauditas junto a él.
Lo cierto es que las vistas del lago desde allí eran espléndidas. Lo que ocurre es que aquel lugar era demasiado tranquilo.
Luego bajé a desayunar, también junto al lago.
Con tan sólo cerrar los ojos podría reinventarme e imaginar mi estancia allí con él.
Es un magnífico momento para ir a dormir.
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