A la isla de Rangitoto me dejé caer uno de los primeros días. Se encuentra a media hora en ferry desde Auckland. Decidí ir porque me habían dicho que había unas vistas magníficas desde allí, pero en la taquilla me dijeron que comprara algo de comer porque en la isla no había ni restaurantes ni tiendas ni nada. Y era verdad.
Rangitoto es una isla completamente volcánica. Tiene un paseo de hora y media hasta el borde del cráter del volcán y no es un camino de rosas. Estuve a punto de volverme en varias ocasiones, pero algo me impulsaba a seguir. Y terminé llegando hasta arriba.
Cráter de Rangitoto
El cráter apenas se veía, pues estaba casi totalmente cubierto por una exuberante vegetación. Cuando llegué a la cima era la una aproximadamente y allí saqué un bocata y un botellín de agua, mientras en una completa soledad observaba la ciudad de Auckland en la lejanía. Entonces miré al cielo y decidí que era hora de regresar. El siguiente barco salía a las tres de la tarde.
Los expertos dicen que el volcán de Rangitoto se encuentra dentro del plazo en que puede entrar en erupción. Se cree que la lava llegará a Auckland por mar y que, por el camino, irá creando otras islas volcánicas.
Rangitoto Island surgió de una erupción desde las profundidades del mar, en una serie de explosiones que formaron la isla hace aproximadamente 600 años. Por tanto, es la isla más joven del golfo de Hauraki y aquí se encuentra también el volcán más joven de toda la zona volcánica de Auckland.
Literalmente ‘Rangitoto’ significa en maorí “cielo sangriento”. Deriva de la frase Te Rangi i Totongia a Tamatekapua (“el día que se cubrió con la sangre de Tamatekapua”), frase que hace referencia a las lesiones de un jefe de la isla durante una batalla.
¿Por qué me encontraba sola allí arriba y había llegado tan tarde?
Lo cierto es que antes de subir a Rangitoto me dirigí a Motutapu, que es otra isla. Están tan cerca, que han hecho un paso de unión. En Motutapu hay una granja vacuna y vacas pastando en verdes praderas. El paisaje de Motutapu contrasta con el volcánico de Rangitoto. En Motutapu caminé por senderos de cabras y estuve cerca de las vacas.
La primera advertencia decía que no entrara en los búnkeres de la IIª Guerra Mundial, anegados entre hierbajos. Motutapu fue una tierra minada, pero ahora está limpia, sólo quedan los búnkeres semi-derruidos por el paso del tiempo. A mí no me parecían búnkeres tan antiguos, sino más bien me dieron la sensación de que eran almacenes construidos hace unas pocas décadas.
Además en Motutapu hay varios proyectos de protección del medio ambiente. Se trata de una Reserva Natural.
De Motutapu me gustó estar cerca de las vacas. Vacas lecheras en enormes praderas verdes. Al final terminé llegando a la granja, donde además había una fábrica de pasteurización de leche.
Motutapu Island, que significa “Isla Sagrada”, tiene una historia que data de la época jurásica, siendo una de las islas más antiguas del golfo de Hauraki.
Creo que esperar al ferry durante media hora fue peor que subir a la cima del Rangitoto. Si en la cima tiraba aire, allí hacía frío. La espera se hizo eterna.
Tanto una isla como la otra son demasiado pequeñas como para poder recorrerlas en un día. Y mirara para donde mirara... allí estaba el océano.
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