El Museo Memorial de Auckland se encuentra ubicado en lo alto de un parque que ocupa hectáreas y hectáreas de hierba, flores, árboles y otras plantas. Se trata del Auckland Domain Park, a caballo entre el pintoresco barrio de Parnell y el centro de la ciudad.
Plano de la ciudad, donde se pueden contrastar los parques Auckland Domain, con el museo ubicado en su interior, y Albert Park
El Auckland Domain es el parque más antiguo de Auckland. Se levanta sobre uno de los volcanes cónicos inactivos de la ciudad, por lo que en sus extremos pueden verse los anillos de toba que se crearon por la actividad volcánica de hace varios cientos de años.
En el Auckland Domain se ubican, aparte del War Memorial Museum, un jardín con más de 100 variedades diferentes de helechos, los Jardines de Invierno (invernaderos que contienen un estanque con flores de loto), estatuas, un anfiteatro cuyas gradas se forman por los anillos volcánicos de toba, etc.
El War Memorial Museum se construyó en hormigón reforzado y la fachada está cubierta por piedra de Portland decorada con detalles de bronce. En la fachada se encuentran placas que describen las batallas de la Iª y IIª Guerras Mundiales.
El museo se construyó en 1929 para conmemorar el fin de la Iª Guerra Mundial. Su fachada neoclásica evoca los templos griegos que muchos soldados vieron desde las cubiertas de los barcos de guerra cuando servían en el Mediterráneo.
El diseño del cenotafio que se encuentra frente a la puerta central del museo se inspiró en el de la tumba del soldado desconocido que existe en Londres, que se dio a conocer en los noticiarios de todo el mundo en la década de 1920.
El vestíbulo del museo se levanta sobre columnas clásicas que rememoran el Partenón de Atenas. La luz se filtra por el techo de cristal iluminando la estancia.
Waka maorí
La colección del museo se distribuye en tres plantas. La planta baja está dedicada a los pobladores de Nueva Zelanda, tanto a los descendientes de los maoríes, como de los europeos y de otros lugares del Pacífico. La galería de los taonga (tesoros) maoríes muestra una magnífica colección de utensilios maoríes, como un waka (canoa) o un templo tradicional tallado.
La primera planta ofrece información sobre la tierra y su historia natural. Origins muestra esqueletos de animales ya extinguidos como dinosaurios y moas, muchos de ellos encontrados en cuevas de todo el país.
Océanos descubre la vida marina neozelandesa a través de una piscina excavada en roca y con la réplica de la reserva marina de las Poor Knights Islands.
Las salas de los descubrimientos muestran exposiciones interactivas sobre lo fantástico y lo maravilloso, así como de tesoros y leyendas. Aquí nos encontramos en el interior de una casita como las que hay en Auckland y vivíamos los movimientos sísmicos de un terremoto, o más bien, del estallido de un volcán, pues los estudiosos dicen que se ha acabado el plazo para el volcán que se encuentra en la cercana isla de Rangitoto, que entrará en erupción y que la lava se arrastrará por el mar, creando otras islas volcánicas. Auckland no está preparada para soportar la erupción de este volcán, así como tampoco está preparada para un terremoto. Tanto uno como otra destruirían la ciudad.
La segunda planta está enfocada hacia la participación del país en las dos guerras mundiales y en cómo éstas han forjado la identidad nacional.
Avión de guerra
La Sala del Spitfire exhibe antiguos aviones de guerra. Durante la IIª Guerra Mundial, un alto porcentaje de pilotos de la Royal Air Force venía de Nueva Zelanda, entre ellos su jefe supremo, Keith Park.
Cartas escritas durante la IIª Guerra Mundial por soldados neozelandeses desaparecidos a sus seres queridos
Cicatrices en el corazón alberga exposiciones sobre las dos guerras mundiales, entre ellas la recreación de una trinchera de la Iª Guerra Mundial. Aquí me puso la piel de gallina la sala donde había cartas, fotos y maletas de personas que habían desaparecido en las contiendas.
El Santuario de la Iª Guerra Mundial se concibe junto al techo de cristal sobre la entrada del vestíbulo. Muestra el escudo de armas de los dominios británicos y las colonias durante la Iª Guerra Mundial. En la galería se encuentran divisas de unidades, regimientos y cuerpos neozelandeses.
Fui al Museo dos veces el mismo día. ¿Por qué? Quizás porque soy una entusiasta de las guerras mundiales, porque me fascinan ciertos misterios que rodean esos años. Por la mañana el guía nos explicó muchas cosas acerca de los maoríes y de las diferentes composiciones geológicas de los variadísimos paisajes neozelandeses. Pero yo también quería ver las salas por las que se erigió este museo, las de las Guerras Mundiales, así que con la entrada de la mañana volví al Museo.
La historia de Nueva Zelanda es muy moderna, porque apenas tiene una tradición histórica como la concebimos, por ejemplo, en Europa. Los primeros pueblos conocidos son los maoríes, que no eran originarios de estas tierras, sino que llegaron hacia 1300 y allí se asentaron.
Se cree que cuando los maoríes llegaron a Nueva Zelanda desde otras islas del Pacífico se encontraron con caníbales. Para asustarlos, los maoríes sacaban la lengua queriendo decir algo como: “antes de que me comas, te como yo a ti”. Ése saludo que servía para asustar a sus enemigos se ha convertido en su saludo de bienvenida.
Los maoríes, a diferencia de otros climas de la Polinesia, son de climas fríos, mientras que el resto son de tierras más cálidas. Cuando los maoríes llegaron a Nueva Zelanda, en esta tierra no había nada: ni animales, ni comida. Hacían sus vestiduras dejando secar las hojas de la vid y haciendo cilindro con ellas, que iban uniendo hasta formas cadenas.
Los jefes maoríes se tatuaban el rostro. La nariz y la barbilla eran las partes más dolorosas.
Cuando llegaron los colonos ingleses, al comprobar los maoríes que estaban regidos por una reina (mujer), también ellos eligieron una reina maorí. Hasta entonces todos los jefes habían sido hombres. A la reina maorí la tatuaron la barbilla y los labios. Los tatuajes se hacían levantando las tres capas de la piel para meter la tinta, por lo que el proceso se convertía en algo muy doloroso. Los motivos de estos tatuajes son dibujos muy simétricos.
Tikis de jade
Se repiten las espirales, que significan eternidad. Otro de sus símbolos es el tiki de jade, amuleto que significa vida o nacimiento, según la ocasión. También los anzuelos se repiten como objetos simbólicos, ya que cuando llegaron formaron parte de su supervivencia, al utilizarse para pescar.
Dioses maoríes
La madera era tallada con punzones de jade (por su dureza). Las figuras en madera representan a sus dioses, que suelen tener tres dedos, a veces cuatro. Los tres dedos representan el nacimiento, la muerte y la reencarnación. Se les incrustan los ojos de paua, piedra que es iridiscente, cualidad que sirve para asustar.
Para los maoríes, la descendencia tiene una importancia vital. Según su perspectiva, los aspectos espirituales y prácticos se determinan a través de la descendencia. La actividad económica y social se centra en la whanau, para referirse a una amplia familia, que generalmente se compone de varias generaciones. La palabra whanau se refiere al nacimiento.
Con cada generación ha ido aumentando el tamaño de la whanau, dando lugar al hapu, que se utiliza para designar a un grupo familiar más grande todavía. Hapu (embarazada) expresa además la importancia de nacimiento desde un antepasado común, y hace hincapié en el vínculo sanguíneo que une al grupo familiar. El término iwi se usa para incluir a todos los miembros que descienden de un antepasado común.
Hoy en día, los maoríes utilizan la estructura familiar de cooperación para mejorar la educación y la salud, así como para impulsar el desarrollo social y el bienestar económico de su pueblo.
Templo maorí
Los templos comunitarios maoríes y sus almacenes anexos se presentan con tejados a dos aguas que descansan sobre postes clavados en el suelo y están tallados de forma muy elaborada. El ángulo superior del pórtico simboliza los brazos de sus antepasados; el caballete, la columna vertebral de la tribu; y las vigas, las costillas de la estirpe familiar.
Para entrar a estos templos, hay que descalzarse. Quitarse los zapatos es un símbolo de respecto hacia la casa y sus antepasados.
Los maoríes formaban parte de una sociedad bastante avanzada para su tiempo. Cuando se asentaban en las montañas, el jefe siempre se ubicaba en la cima y el resto del poblado iba asentándose según el orden de importancia, siendo la parte superior la más relevante. Realmente es una pirámide social, como las hemos conocido nosotros en otros siglos. Los cementerios maoríes están distribuidos de la misma forma, sobre laderas de montañas, encontrándose las tumbas de los jefes en la parte superior. En estos cementerios sólo se entierran a maoríes.
Cocina maorí en la tierra
Cuando los maoríes llegaron a Nueva Zelanda se encontraron con una tierra volcánica, cuya tierra desprendía mucho calor. Ellos cocinaban productos como la batata o el boniato, colocándolos sobre enormes piedras calientes, para luego taparlo con tierra.
La historia natural es muy rica en Nueva Zelanda, ya que este país es un lugar extraordinario, único en la tierra. Jared Diamond declaró que el medioambiente natural de Nueva Zelanda es “la aproximación más cercana a la vida en otro planeta”.
Nueva Zelanda es una tierra de aves, unas que se extinguieron y otras que sobreviven, incluso aquellas que se encuentran protegidas (kiwi).
La moa es un animal originario de Nueva Zelanda que terminó desapareciendo. Pertenece a la familia del avestruz. Existieron en el país once especies de moa, algunas de las cuales llegaban a los tres metros de altura. La moa fue la más alta de las aves conocidas.
Gecko
De la familia de los lagartos, son originarios de Nueva Zelanda (y muy queridos por los neozelandeses) los geckos, de grandes ojos y piel suave y granular. En cada ojo tienen una membrana fija transparente que no les permite abrirlos ni cerrarlos.
En Nueva Zelanda existen alrededor de 40 especies de lagartijas.
Madera de kauri
El kauri es un árbol originario de Nueva Zelanda de madera muy dura y apreciada. Tanto los maoríes como los colonos ingleses comprobaron su resistencia y hace muchos siglos era casi la única madera que se utilizaba para la construcción de casas. Hoy en día quedan muy pocos árboles kauri en el país y pueden encontrarse protegidos en los parques y reservas naturales. En la actualidad está prohibido talarlos.
La guerra ha desempeñado un papel esencial en la formación de la identidad de Nueva Zelanda. La segunda planta del Museo narra estas historias bélicas. En las paredes de la Sala de la Memoria se inscriben todos los nombres de los neozelandeses de la provincia de Auckland que fallecieron en estos conflictos.
La Iª Guerra Mundial constituye un momento importante en la formación de Nueva Zelanda como nación. Los neozelandeses y los australianos se unieron para formar la Australian and New Zealand Army Corps (ANZAC). Enviados por los británicos para que atacasen las bien fortificadas y protegidas plazas de los turcos de la península de Gallipoli, cientos de ellos murieron durante los ocho meses que duró la acción. El 25 de abril (Día Anzac) es una fecha en la que se recuerda el sacrificio de estos soldados.
Nueva Zelanda sufrió terriblemente durante la guerra: de un total de 110.000 tropas, 16.697 de los combatientes murieron y 41.262 fueron heridos.
En la IIª Guerra Mundial, Nueva Zelanda volvió a verse envuelta en un conflicto sin quererlo ni desearlo. Tras el ataque de Pearl Harbour (1941), el conflicto se trasladó al Pacífico y Nueva Zelanda reforzó los lazos con EE.UU.
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