
Mi amiga Isa dice que siempre esperamos que los demás hagan en una situación determinada lo que nosotros haríamos en su lugar. Muchas veces ocurre, pero no siempre.
Claro que es inevitable pensar en la respuesta del otro, pero a veces esa respuesta es completamente diferente a como esperábamos y quizás va cargada de sorpresa, más que nada, por lo de inesperada que tiene. Otras veces esa respuesta no llega.
Cuando me pongo a reflexionar sobre ciertas situaciones de mi pasado siempre me llegan tenues momentos donde esperé que alguien hiciera algo. Tiempo después me di cuenta de que, hicieran lo que hicieran, casi todo era perdonable.
Hoy sigo esperando, aunque ya no me planteo cómo será la respuesta que me llegue del otro, ni siquiera pienso en lo que yo haría en esa situación. Por nuestros hechos se nos juzga y no somos nadie para decirles a otras personas lo que deben y no deben hacer.
Sin embargo, es cierto que siempre viene alguien que te intenta indicar el camino.
Claro que es inevitable pensar en la respuesta del otro, pero a veces esa respuesta es completamente diferente a como esperábamos y quizás va cargada de sorpresa, más que nada, por lo de inesperada que tiene. Otras veces esa respuesta no llega.
Cuando me pongo a reflexionar sobre ciertas situaciones de mi pasado siempre me llegan tenues momentos donde esperé que alguien hiciera algo. Tiempo después me di cuenta de que, hicieran lo que hicieran, casi todo era perdonable.
Hoy sigo esperando, aunque ya no me planteo cómo será la respuesta que me llegue del otro, ni siquiera pienso en lo que yo haría en esa situación. Por nuestros hechos se nos juzga y no somos nadie para decirles a otras personas lo que deben y no deben hacer.
Sin embargo, es cierto que siempre viene alguien que te intenta indicar el camino.
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