Siempre está cerca, pero nunca le veo. Aparcaba al mediodía, y he aparcado cerca de su coche, pero él ha brillado por su ausencia. Seguro que ha sido cuestión de minutos.
No sé por qué me quejo, ya que podría llamarle y hablar con él. Recuerdo que al principio buscaba cualquier excusa. Ahora no lo necesito, y sé que si sigo pensando en ello terminaré descolgando el teléfono para preguntarle qué tal está.
Guapísimo seguro. Y adorable.
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