Llevo cuatro o cinco años que no piso Logroño en fiestas. Simplemente me agota tanta gente, como me agotan, en definitiva, las festividades de cualquier ciudad. Demasiada gente. Media hora (o más) para pedir una copa. Jaleo. Las plantas de los pies casi en carne viva al ir a dormir.
Este año no me queda más remedio que ir, ya que estaremos de despedida y me he comprometido. Además quiero estar en la despedida.
Pereza me da por la gente. Por otro lado, no me quedarán ganas de ir a San Mateo hasta dentro de varios años.
Después... llega de nuevo la rutina, la tranquilidad. Los encuentros casuales con él. En los últimos meses, desde que hicimos las paces, me he puesto en contacto con él varias veces. He quedado con él en numerosas ocasiones. Y ahora que es tan accesible he perdido el interés. Me pregunto si él irá a Logroño este fin de semana. Seguramente no. Mucha gente huye del sábado de San Mateo. Incluso yo huiría si no tuviera una despedida.
De no atreverme a marcar su número de teléfono he pasado a llamarle siempre que tengo una mínima duda, y él siempre se ha mostrado afable. Algo ha cambiado. Quizás hay más seguridad, un incremento de la confianza, la complicidad que existe desde hace varios meses.
Le admiro de una manera diferente. Creo. Porque le sigo admirando, pero me da la sensación de que le conozco desde siempre. Y creo que por su parte también hay cierto afecto que antes no existía. No me atrevería a decir que hay algo más por su parte, porque eso se lo tendría que preguntar. Pero he descubierto que cuando me mira y le miro hay un pedazo de felicidad, sé que le brindo cierta alegría, quizás porque sabe que yo siempre estoy de su lado. Quizás porque sabe que le quiero con locura.
Vuelven las ganas de compartir con él todo. Aún no le he dicho que me voy a Lanzarote a mitad del mes de octubre. De Tenerife le traje un lagarto de cristales, si la memoria no me falla. Lo mejor de traerle algo es explicarle la historia, por qué un lagarto y no otra cosa... No me deja traerle nada de los viajes, pero siempre me salgo con la mía.
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