
Cuando marchaba a casa, en la rotonda, mis ojos se han desviado en una dirección, su coche era un reclamo, así que iba a paso de tortuga. Entonces le he visto a él montarse en el coche. No tengo vista de lince, pero creo que llevaba una camisa amarilla pálido; el amarillo es un color alegre, ¿significará eso que él está hoy de buen humor?
Mi mente a empezado a pensar qué hacer, algo como que si daba dos vueltas a la rotonda me cruzaría con él. No lo he hecho, no sé por qué. Supongo que ya no me permito hacer locuras, aunque sean pequeñas y no hagan mal a nadie, y prefiero los encuentros inesperados, sin forzarlos, así que he seguido mi camino. Pero si hubiera dado otra vuelta seguramente me lo hubiera cruzado.
Creo que va siendo hora de que coja el portátil, lo coloque sobre la cama, me tumbe y me ponga a escribir y colgar fotos, narrar peripecias y remover los recuerdos de Japón, ahora que están frescos.
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